jueves, febrero 25

Cinco Poemas de Edgar M. Bayley: Decisión, Me doy cuenta, Poema, Ni razón ni palabra, Cuando el aire




Decisión


partiremos la hogaza del abandono y la esperanza
para volver al acero al viejo abeto la avenida

para avanzar en el fulgor velado

porque no podemos ser ajenos a la estrella que nos une

no podemos abandonar el camino que nos marca

   esa estrella

temer la batalla

seducidos por el engañoso estanque

por su falsa efímera comodidad

porque no compensa esa soledad cualquiera

el rico ahora de dos amantes reencontrados

somos nosotros y juntos quemaremos la lejana ruina

y unir nuestras bocas y cuerpos y frutos

de nuestros soles propios

de nuestras banderas silencios espumas bendecidas

nuestro amor es el único azar posible

el solo camino despierto

el único sueño que nos devora y alimenta

que nos da nombre y nos da impulso

para vencer el repecho

y vivir juntos

convencidos por fin del canto que nos guía

decididos en la esperanza en el cielo y la rosa

decididos

mi amor

decididos






Me doy cuenta


ahora que viví entre dos labios
ahora me doy cuenta que no es nada
que no es nada cantar cuando se han ido
que no es nada tanto ambiguo color tanta pereza
pisar mi ambigüedad mi gallo insomne
equivocar mi bandera y mi osamenta
ahora que viví oculto abajo
ahora me doy cuenta que no es nada
mirar hacia el fondo si ha quedado
la muerte al fin trajeada de ambrosía
ahora que viajé de noche solo
y subí de un salto a la colina
ahora me doy cuenta que no es nada
pensar que mañana o que pasado
me doy cuenta claramente que no es nada
que no es nada el desamparo y la volanta
que no es nada no haber visto
haber quedado en tanto imaginar y no haber sido
ahora me doy cuenta que no es nada
ahora que miré a mi hermano cara a cara
y le vi el perdón y la pobreza
me doy cuenta claramente que su avío
que su modal su lucha se despegue
anuncian por estanques y por cuartos y burbujas
la prenda venidera el duro filamento de ser hombre








   Poema

cuando llegas
a la hora precisa

algo se despierta



es la hora de tu piel

de tu mediodía

el sol sigue su camino



los niños se agolpan

en los puntos cardinales

tu voz

tu puño vuelve a aclararse



dios mío

deja que por una vez sola

mi palabra ruede a la luz del día



todo es inmortal

ahora

y al viajero que llega

fatigado y tarde

le es permitido callar su nombre

comprendemos

le dicen

puedes sentarte a nuestra mesa



tanta libertad

tanta ardida mudanza

no ha sido en vano

los ojos se vuelven

a la mañana del sueño

han visto lo suficiente

en la calle

entre las sombras

en el aire

en el grito

en el pecado y la salud

han conquistado su alegría



  

 Ni razón ni palabra


cada noche los sueños inmolan tu pena y tu culpa
de frente al olvido

a la pregunta y la canción inexcusable



es necesario empaparse herirse hundirse

buscar el estallido hasta decir: perdón no soy el mismo

pero el fuego desgrana tus razones de tierra

debes perder la luz plena

los motivos de la victoria

agrio pesado cruel

la ciudad te vuelca te vacía

corazón vacío

miseria burbujeante



no es preciso razón ni palabra

para este airado hogar

que nadie después sume su nieve o su festejo

despierto queda allí en su momento

en cambio y permanencia

en nube recia

en la libre mano

y el cabalgar del sueño






 Cuando el aire


cuando el aire se puebla estoy presente
canta la puerta el fuego la esperanza
conoces tu nombre y la sangre de su sueño
la tierra donde amanece el día
cuando la luz llega canta mi silencio


es suficiente el lejano retumbar del trueno

la verde falda de la montaña

y este momento ayer mañana

es suficiente

confiar esperar

estar despierto


 -Textos, Edgar Bayley- Imágenes, Selena Maestrini-

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