miércoles, enero 21

Fragmentos de Thomas Merton





"El amor es nuestro verdadero destino. No encontramos el sentido de la vida por nuestra cuenta: lo encontramos junto a alguien."
-T. Merton-


Be still.
Listen to the stones of the wall.
Be silent, they try
to speak your

name.
Listen
to the living walls.

Who are you?
Who
are you? Whose
silence are you?

Who (be quiet)
are you (as these stones
are quiet). Do not
think of what you are
still less of
what you may one day be.

Rather
be what you are (but who?)
be the unthinkable one
you do not know.

O be still, while
you are still alive,
and all things live around you

speaking (I do not hear)
to your own being,
speaking by the unknown
that is in you and in themselves.

“I will try, like them
to be my own silence:
and this is difficult. The whole
world is secretly on fire. The stones
burn, even the stones they burn me.
How can a man be still or
listen to all things burning?
How can he dare to sit with them
when all their silence is on fire?"



En Silencio

Aguarda.

Escucha las piedras del muro.

Permanece en silencio, ellas tratan

de decir tu nombre.

Escucha

a las paredes vivientes.

¿Quién eres?

¿Quién

eres tú? ¿El silencio

de quién eres?

Quien (permanece callado)

eres tú (así como estas piedras

permanecen calladas).

No pienses sobre aquello que eres

menos

de lo que podrías ser algún día.

Mejor aún

sé lo que tú eres (¿pero quién?)

sé aquello impensable

que desconoces.

O aguarda, mientras

sigas vivo,

y todas las cosas que viven

alrededor tuyo

hablando (yo no escucho)

hacia tu ser más propio,

hablando por lo desconocido

que está en ti y en ellas mismas.

“Trataré, como ellas

de ser mi silencio:

y es difícil. El mundo entero está

secretamente en llamas.

Las piedras queman,

aún las piedras queman.

¿Cómo puede un hombre aguardar

o escuchar a las cosas quemándose?

¿Cómo puede atreverse a sentarse con ellas

cuando todo su silencio está en llamas?"




El psicoanálisis nos ha enseñado que muchos odios desconocidos y temores y aún enfermedades físicas con frecuencia no son sino amor que rehúsa reconocerse como tal, amor que se ha vuelto enfermo porque no reconoce su verdadera naturaleza y ha perdido de vista su objetivo.
Los conflictos en el mundo no se deben a la ausencia del amor, sino al amor que no se reconoce a sí mismo, que es infiel a su propia realidad. La crueldad es el amor sin dirección. El odio es el amor frustrado.

El amor no está sólo en la mente o el corazón, es más que el pensamiento y el deseo. El amor es acción: y solamente en el acto del amor alcanzamos la intuición contemplativa de la sabiduría amorosa. Esta intuición contemplativa es un acto de una especie más elevada, un amor más puro. El amor disuelve la aparente contradicción entre la acción y la contemplación.

Para alcanzar un maduro acto de amor, debemos primero experimentar contradicción y conflicto. El amor es una cima de libertad y de plena conciencia personal. El amor se encuentra a sí mismo solamente en el acto. El amor que actúa sin conocimiento, a pesar de él mismo y en contra de su misma naturaleza, no alcanza la plena conciencia de sí mismo. Queda escondido de sí mismo. También no logra actuar perfectamente como amor. Es visto como algo distinto del amor.

Todo amor que no es entrega de sí mismo totalmente libre y espontánea, tiene en sí mismo un sabor a muerte. Esto quiere decir que todo nuestro amor como hombres ordinarios que no somos santos ni místicos, está lleno de contradicción, conflicto, amargura. Y tiene ese sabor a muerte.

Y podríamos añadir que es en el conflicto y la contradicción del amor que no es todavía verdadero, donde podemos descubrir el camino del amor verdadero. Es aceptando en nuestra plena conciencia un amor imperfecto, cuando el amor llegará a su perfección.

El primer paso para alcanzar la verdad y pureza del amor es reconocer en nosotros ese amor que no es todavía puro, pero que sin embargo es amor, y que aspira por su misma naturaleza a ser puro.

Todas las virtudes son aspectos del amor, y todos los vicios son también aspectos del amor. Las virtudes son manifestaciones de un amor que está vivo y sano. Los vicios son síntomas de un amor enfermo porque rehúsa ser él mismo.

En realidad no hay más que amor. Pero este amor podría estar en contradicción consigo mismo. Puede ser al mismo tiempo amor y odio, amor y codicia, amor y miedo, amor y celos, amor y lujuria. Su destino es ser simplemente amor, sin ninguna otra cosa contradictoria. Pero no puede cumplir este destino si nosotros tratamos únicamente de suprimir el odio, la codicia, el miedo, los celos, la lujuria. Estas fuerzas malignas reciben su poder solamente del amor. Suprimirlas es suprimir el amor. Debieran más bien, por el contrario, ser conscientes de sí mismas como amor, y cuando lo sean, ya no desviarán la energía del amor para servir a lo que no es amor.

-Del prólogo Vida en el amor, de Ernesto Cardenal-



Dulce hermano, en las horas que no duermo,
para tu tumba son mis ojos flores;
y si comer mi pan no puedo,
mis ayunos serán almohadas donde moriste.
Si en el calor no encuentro agua para mi sed,
manantiales mi sed te hará, pobre viajero.
¿Dónde, en qué tierra desolada y humeante
yace tu pobre cuerpo, perdido y exánime?
¿Y en qué paisaje de tragedia
tu espíritu infeliz ha perdido el camino?
Ven, halla en mi trabajo un lugar de descanso
y en mis pesares posa tu cabeza,
o, más bien, llévate mi vida y sangre
y cómprate un lecho mejor...
o llévate mi aliento y llévate mi muerte
y cómprate un mejor reposo.
Cuando los hombres de guerra estén caídos
y hundidas en el fango se hallen las banderas,
aún dirán a los hombres tu cruz y la mía
que murió Cristo en cada uno, por los dos.
Pues en tu abril náufrago, Cristo yace muerto,
y llora Cristo en mi marchita primavera:
de cuyo llanto los valores bajarán
hacia tu mano desvalida,
para proporcionarte el retorno a tu reino:
el silencio de cuyas lágrimas caerá
cual campanadas en tu tumba extraña.
Escúchalas y ven: te llaman a la patria.



-A la muerte de su hermano, Reversión, Aquilino Tur-







El nivel más profundo de comunicación no es la comunicación, sino la comunión.
Sin palabras.
Más allá de las palabras y más allá del lenguaje y más allá del concepto.
No es que descubramos una nueva unidad.
Descubrimos una unidad antigua.
Mis queridos hermanos, nosotros ya somos uno.
Pero imaginamos que no es así.
Y lo que hemos de recuperar es nuestra unidad original.
Lo que hemos de ser, es lo que somos.

-De Diario de Asia, 1968- 

-Imágenes, Victoria Cozmolici-

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