lunes, septiembre 15

Fragmentos de Diarios (1910-1923) Franz Kafka




Las diez de la noche. No dejaré que me domine el cansancio. Me lanzaré de un salto a mi narración corta, aunque me despedace la cara.-15 de noviembre de 1910-



Hace dos días y medio que, aunque no del todo, estoy solo y, si no me he transformado ya, voy en camino de hacerlo. La soledad tiene sobre mí un poder que nunca falla. Mi interioridad se diluye (por el momento sólo superficialmente) y está dispuesta a dar salida a lo profundo. Una pequeña ordenación de mi interior empieza a producirse, y nada más necesito, porque cuando se tienen escasas aptitudes, lo peor es el desorden.-26 de diciembre de 1910-



Si llego a los cuarenta años, probablemente me casaré con una chica ya mayor, de dientes superiores salidos, algo descubiertos por el labio de arriba. Los incisivos superiores de la señorita K., que estuvo en París y en Londres, se montan el uno sobre el otro, como unas piernas que se cruzan levemente a la altura de las rodillas. Pero difícilmente llegaré a los cuarenta; así lo indica, por ejemplo, la tensión que se me pone a menudo en la mitad izquierda del cráneo; la siento como una lepra interna que, si prescindo de los aspectos desagradables y me limito a observar, me produce la misma impresión que cuando veo la sección transversal del cráneo en los libros escolares, o una disección casi indolora, en vivo, en la que el cuchillo, un poco refrescante, cauto, que se detiene y retrocede a menudo, y que a veces descansa, va cortando membranas finas como el papel muy cerca de sectores del cerebro en plena actividad. -9 de octubre de 1911- 



Mi madre trabaja todo el día; es alegre o triste según los casos, sin querer utilizar su estado para hacer reclamación alguna; tiene la voz clara, demasiado fuerte para la conversación normal, pero hace bien oírla cuando uno está triste y la oye súbitamente después de algún tiempo. Hace ya mucho que me quejo de que siempre estoy enfermo, pero nunca tengo una enfermedad concreta que me obligue a guardar cama. En su mayor parte, este deseo proviene sin duda de que sé cómo puede consolarme mi madre, cuando, por ejemplo, pasa de la sala de estar iluminada a la penumbra del cuarto del enfermo; o al anochecer, cuando el día pasa uniformemente a convertirse en noche, ella regresa del negocio y, con sus cuidados y rápidas disposiciones, hace que vuelva a empezar el día, aunque sea tan tarde, y da ánimos al enfermo para que la ayude en ello. Desearía que todo esto volviera a ocurrirme, porque entonces estaría débil, y por esto mismo convencido de todo lo que mi madre hiciera, y podría tener las alegrías infantiles con la capacidad de goce, más acentuada en los adultos. Ayer se me ocurrió que no había amado siempre a mi madre como se merecía y como podía amarla, por el simple hecho de que me lo impedía la lengua alemana. La madre judía no es una «madre»; la denominación de madre la convierte en algo ligeramente cómico (no por ella misma, ya que estamos en Alemania); damos a una mujer judía el nombre alemán de madre, pero olvidamos la contradicción, que nos penetra tanto más gravemente en el sentimiento. «Madre» es para los judíos algo especialmente alemán; junto a un esplendor cristiano, contiene inconscientemente una frialdad cristiana, y así la mujer judía que recibe el nombre de madre no sólo resulta algo cómico sino también algo ajeno. Mamá sería un nombre mejor, si uno no imaginara tras él el nombre de «madre». Creo que sólo los recuerdos del ghetto mantienen en pie la familia judía, porque la palabra padre no corresponde tampoco, ni remotamente, al padre judío. -24 de octubre de 1911-


Esta tarde, mientras estaba acostado en la cama, alguien hizo girar rápidamente una llave en la cerradura; durante un instante tuve cerraduras por todo el cuerpo, como en un baile de disfraz; aquí y allá, con breves intervalos, abrían o cerraban una de las cerraduras. -30 de Agosto de 1912-


Esta historia de La condena la he escrito de un solo tirón en la noche del 22 al 23, desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana. Me costó mucho trabajo sacar mis piernas tiesas de tanto estar sentado debajo, del escritorio. Ese terrible esfuerzo y la alegría de ver cómo la historia iba desarrollándose ante mí, cómo iba avanzando sobre las aguas. Varias veces en esta noche mis espaldas cargaron con mi peso. Cómo pueden decirse todas las cosas, cómo para todo, para las más extrañas ocurrencias, hay dispuesto un enorme fuego, en el cual se consumen y renacen. Tras la ventana se hizo el azul. Pasó un coche. Dos hombres cruzaron el puente. A las dos consulté por última vez el reloj. Cuando la criada pasó por primera vez por la antesala, escribí la última frase. Apagué la lámpara; luz diurna. Esos débiles dolores de corazón. Ese cansancio que desapareció mediada la noche. Mi trémula entrada en la alcoba de las hermanas. Lectura en voz alta. Antes, el estirarse ante la criada y decir: "He escrito hasta ahora". El aspecto del lecho inmaculado, como si acabaran de arreglarlo. La convicción confirmada de que al escribir mis novelas me encuentro en deshonrosas hondonadas del escribir. Sólo así puede escribirse, sólo en un contexto. así, con esa total apertura del cuerpo y del alma. -23 de septiembre de 1912-



Desesperado. Hoy, en el semisueño de la tarde: Este dolor terminará por hacerme estallar la cabeza. Y justamente en las sienes. Al imaginarme esto, lo que realmente vi fue una herida de bala; sólo que en torno del agujero los bordes estaban abiertos hacia afuera, con cantos afilados, como cuando se rompe violentamente una lata. -15 de octubre de 1913-



Ayer el caballo blanco se me apareció por primera vez mientras me dormía; tengo la impresión de que surgió de mi cabeza, vuelta hacia la pared; pasó por encima de mí, y saltó de la cama, perdiéndose luego.-27 de mayo de 1914-


Contemplado desde el punto de vista de la literatura, mi destino parece bastante simple. El deseo de representar mi fantástica vida interior ha desplazado todo lo demás, y además la ha agotado terriblemente, y sigue agotándola. Ninguna otra cosa podrá jamás conformarme. -6 de agosto de 1914- 



Si fuese un extraño que observase el curso de mi vida, diría que todo tiene que acabar en la inutilidad, consumido en dudas incesantes y, en el aspecto creador, siempre atormentándome. Sin embargo, como parte interesada, tengo esperanza. -25 de febrero de 1915-

Me consumo sin sentido: me haría dichoso poder escribir; no escribo. Jamás me libraré de los dolores de cabeza. Realmente me he devastado a mi mismo. -25 de diciembre de 1915-


Olvidarlo todo. Abrir ventanas. Vaciar la habitación, el viento la llena. Uno ve sólo el vacío, busca por todos lados y no se encuentra. -19 de junio de 1916-

Desgarrarlo todo.-18 de septiembre de 1917-

Otra vez he pasado por esa terrible grieta larga y estrecha que, en realidad, sólo se puede cruzar en sueños. Por propia voluntad, jamás podría hacerlo estando despierto.-5 de diciembre de 1919-


-Textos, Fragmentos de Diarios (1910-1923). Franz Kafka / Imágenes, dibujos de Franz Kafka-

Puede descargar el libro  Kafka. Por una literatura menor. Gilles Deleuze Félix Guattari 
cliqueando sobre el enlace.

 


2 comentarios:

  1. Cómo no traer a Kafka a este espacio? Gracias por tu paso y tu lectura.

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Por la travesía, Gracias...

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