La Lengua de Dionisios...

Inquietar -Libros para descargar gratis-

Desde este Blog es posible descargar gratis algunos libros desde mi cuenta personal en academia.edu. Estoy haciéndolo con las propias limitaciones que los tiempos personales imponen. Les pido paciencia. Para encontrar aquellos que ya he subido, dejo aquí el enlace:

https://independent.academia.edu/RayuelaSincielo/Books

jueves, septiembre 11

Cuatro poemas de Anne Sexton. Balada de la masturbadora solitaria / El asesino / La verdad que los muertos no conocen / Los bombarderos



-Fotografía, Dimitry Chapala-


 Balada de la masturbadura solitaria

Al final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te echa en falta. Espanto
a los que están presentes. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.

De esta forma escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría poner
en exibición el mercado de los sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama acuática, irguiéndos en la playa,
en la yema de los dedos un piano, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Entretanto, yo pasé a ser la escoba usada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de saldo de un estante
y yo me rompí como se rompen las piedras.
Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
El periódico de hoy dice que os habéis casado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las criaturas destellantes están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama.

 
-Imagen, Helene Knoop-


El asesino


La muerte correcta está escrita.

Colmaré la necesidad.

Mi arco está tenso.

Mi arco está listo.

Soy la bala y el garfio.

Estoy armada y lista

Desde mi mira, lo tallo

como un escultor. Moldeo

su última mirada a todos.

Cambio sus ojos y su cráneo

constantemente de posición.

Conozco su sexo de macho

y lo recorro con mi dedo índice.

Su boca y su ano son uno.

Estoy en el centro de la sensación.

Un tren subterráneo

viaja a través de mi ballesta.

Tengo un cerrojo de sangre

y lo he hecho mío.

Con este hombre tomo en mis manos

su destino y con este revólver

tomo en mis manos el periódico y

con mi ardor tomaré posesión de él.

Se inclinará ante mí

y sus venas saldrán en desorden

como niños... Dame

su bandera y sus ojos.

Dame su duro caparazón y su labio.

Él es mi mal y mi manzana y

lo acompañaré a casa.

-Imagen, Tran Nguyen-


La verdad que los muertos conocen
Para mi madre, nacida en marzo de 1902, muerta en marzo de 1959, y para mi padre, nacido en febrero de 1900, muerto en junio de 1959.

Se acabó, digo, y me alejo de la iglesia,
rehusando la rígida procesión hacia la sepultura,
dejando a los muertos viajar solos en el coche fúnebre.
Es junio. Estoy cansada de ser valiente.
Conducimos hasta el Cabo. Crezco
por donde el sol se derrama desde el cielo,
por donde el mar se mece como una cancela
y nos emocionamos. Es en otro país donde muere la gente.
Querido, el viento se desploma como piedras
desde la bondadosa agua y cuando nos tocamos
nos penetramos por completo. Nadie está solo.
Los hombres matan por ello, o por cosas así.
¿Y qué ocurre con los muertos? Yacen sin zapatos
en sus barcas de piedra. Son más parecidos a la piedra
de lo que lo sería el mar si se detuviera. Rehusan
ser bendecidos, garganta, ojo y nudillo.

-Imagen, R. B. Kitaj-

Los bombarderos


Nosotros somos América.
Somos los que rellenan los ataúdes.

Somos los tenderos de la muerte.

Los envolvemos como si fuesen coliflores



La bomba se abre como una caja de zapatos.

¿Y el niño?

El niño decididamente no bosteza.

¿Y la mujer?

La mujer lava su corazón.

Se lo han arrancado

y se lo han quemado

y como último acto

lo enjuaga en el río.

Este es el mercado de la muerte.



¿Dónde están tus méritos,

América?
-Textos, Anne Sexton-

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por la travesía, Gracias...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...