La Lengua de Dionisios...

Inquietar -Libros para descargar gratis-

Desde este Blog es posible descargar gratis algunos libros desde mi cuenta personal en academia.edu. Estoy haciéndolo con las propias limitaciones que los tiempos personales imponen. Les pido paciencia. Para encontrar aquellos que ya he subido, dejo aquí el enlace:

https://independent.academia.edu/RayuelaSincielo/Books

domingo, septiembre 28

Peregrina y extranjera. Cuaderno de notas, 1942-1948. Fragmentos. Marguerite Yourcenar





XIV. Cuadernos de notas, 1942-1948 


1942. Todo hombre, capitán a bordo después de Dios. Todo hombre, prisionero en el fondo de la bodega. Y navío al mismo tiempo que marinero. Océanos vacíos, playas abandonadas para siempre o jamás alcanzadas, faros, naufragios, botella arrojada al mar: volvemos a un tiempo en que las metáforas recobran su peso y su densidad de cosas, vuelven a medirse en millas terrestres o marinas, en unidades de espacio o de peligro. Y si el frasco con cabellera de algas danza para siempre sobre el mar sin que nadie lo vislumbre, lo repesque y lo salve, al menos habrás hecho florar un frágil objeto humano en la superfcie de las olas.



Soy hijo de la tierra y del cielo estrellado;

Soy de la misma naturaleza que el cielo,



proclama un iniciado griego en uno de los más puros poemas que jamás haya inspirado la muerte. Y Villon, igualmente y muy al contrario, dice:



No soy, pensandolo bien,

Hijo de ângel, ni llevo diadema

De estrellas ni de otros astros...



Igualmente, pues los dos sones se hacen eco, los dos hemisferios se juntan, el cristiano y elantiguo, profunda humildad y profundo orgullo, conocimiento de su nulidad y sentido de pertenecer a todo.



Arte griego: el hombre es la naturaleza y la encierra dentro de sí toda entera. Arte de la Edad Media: el hombre está en la naturaleza como el pájaro en el bosque, como el pez en el río, objetos colocados sostenidos en el tiempo por la mano del Creador. Arte de Extremo Oriente: el hombre y la naturaleza, inextricablemente mezclados uno con otro, huyen, cambian y se disipan, apariencias cambiantes, onda que se mueve, juego de sombras paseadas por el lienzo eterno. Arte barroco: el hombre convierte a la naturaleza en objeto de su tiranía o de su meditación, inventa los parterres de Versalles o las soledades ordenadas de Poussin. Arte romántico: el hombre se precipita en la naturaleza, a ella lleva su pena y sus gritos de animal herido. Arte del siglo XX: el hombre hace estallar la naturaleza, detiene o precipita la evolución de las formas...


Una rosa es una rosa, pero de la rosa de Anacreonte a la rosa del Roman de la rose, de la rosa de las catedrales a los ramilletes de Renoir, se excluyen y se suceden todos los puntos de vista posibles sobre la rosa y la vida.





"No me gustan los poetas, decía Nietzsche, enturbian todas las aguas para que parezcan más profundas". Tampoco a mí me gustan los que añaden complicaciones muertas a las complejidades vivas, ni los que apartan los ojos de la sangre que se derrama pero aúllan de gozo cuando han embadurnado de rojo una cabeza de muñeca. ¿Por qué me habláis de actos gratuitos cuando apenas puedo hacer frente a los actos indispensables, por qué me habláis del absurdo en un mundo donde el amor y la muerte siguen su curso al igual que las estaciones sus leyes, como la salida de los astros en el horizonte? ¿Y qué he de hacer con los esqueletos de la novela policíaca y con los relojes blandos de Dalí, yo que, como todo el mundo, llevo dentro mi esqueleto y mi reloj?



1942. Suicidio de judíos, en Alemania, para escapar al campo de concentración; en los Estados Unidos, por cansancio, por desesperación, por solidaridad con las víctimas de Europa.

Las baladronadas del viejo Horacio de Hernani adquieren un sentido, una gravedad que nuestro espíritu frívolo no sospechaba hasta ahora, formulan exactamente el dilema y la solución de las horas de peligro. «O que una hermosa desesperación...» «¿Y cuándo poseeré el mundo? Entonces poseeré la tumba». Tal vez el poeta creyó fabricar tan sólo una frase bella, y ese hemistiquio que nos parecía de antemano destinado a los aplausos de la clac, se adapta de pronto a los destinos de unos cuantos millones de hombres. Suele ser por ignorancia, por inexperiencia, por odio o por miedo a la realidad por lo que acusamos a los poetas de exceso y de mentira.



Han cortado la rama de pino medio seca que durante cuatro años he visto balancearse junto a una tapia de ladrillo rojo. Esa madera, esa resina, esas escamas de corteza, esas delgadas agujas desaparecidas, se dibujan en mi memoria con la exacta precisión de un dibujo de Hokusai. Objeto cualquiera, inerte, sin relación conmigo, que ha cumplido su destino en otros reinos pero dotado por mi atención de una suerte de duración espiritual, destinado a sobrevivir, sin duda, o por lo menos a vivir tanto como yo, transmisible a otros, mudado en signo... ¿Qué crees probar con esto? Nada sino que quizá existan diferentes órdenes de realidad.



No juzgues... Juzga, por el contrario; no ceses, conciencia infatigable, de evaluar tus acciones, tus pensamientos y los de los demás con la ayuda de tus instrumentos aun primitivos; utiliza lo mejor que puedas tu balanza a la vez demasiado y poco sensible, nunca en el fiel, equilibrada bien que mal mediante la aportación de incesantes escrúpulos. Juzga para no ser juzgado el peor de los seres, el cobarde de espíritu, perezosamente dispuesto a todo, que se niega a juzgar.



 1943. Es demasiado pronto para hablar, para escribir, para pensar quizá, y durante algún tiempo nuestro lenguaje se parecerá al tartamudeo del herido grave a quien se reeduca. Aprovechemos este silencio como si fuese un aprendizaje místico.



Aceptar que tal o cual ser, a quien amábamos, haya muerto. Aceptar que este o aquel ser no sea más que un muerto entre millones de muertos. Aceptar que éste o aquel, vivos, hayan tenido sus debilidades, sus bajezas, sus errores, que nosotros tratamos en vano de encubrir con piadosas mentiras, un poco por respeto y por compasión de ellos, mucho por compasión de nosotros mismos, y por la vanagloria de haber amado solamente la perfección, la inteligencia o la belleza. Aceptar su independencia de muertos, no encadenarlos, pobres sombras, a nuestro carro de vivos. Aceptar que hayan muerto antes de tiempo porque no existe el tiempo. 
Aceptar nuestro olvido, puesto que el olvido forma parte del orden de las cosas. Aceptar nuestro recuerdo, puesto que, en secreto, la memoria se esconde en el fondo del olvido. Aceptar incluso -aunque prometiéndonos que lo haremos mejor la próxima vez y en el próximo encuentro- el haberlos amado torpe y mediocremente.



1943. Todas las luces están apagadas: las de los buques y las de las calles, las lamparillas de los enfermos y los cirios de las iglesias. Y las escasas lámparas que aún arden tiemblan de miedo en el horizonte. En esta completa oscuridad, cuando se trata para nosotros de morir lo menos posible, nuestra tarea consiste en recobrar, a tientas, humildemente, la forma eterna de las cosas. ¡Anda! Un cuchillo que sirve para matar o para cortar cuerdas. ¡Anda! Un pedazo de pan que podemos masticar. ¡Anda! Un cadáver mucho más frío, más pesado, más tranquilo que la idea que nos hacíamos de los muertos. ¡Anda!, ese no sé qué perfumado que cede entre mis manos es una rosa... Y todas las significaciones de la rosa palidecen ante esta realidad de las rosas.



Pase lo que pase, aprendo. Siempre salgo ganando.



Envejecer... Desprenderse de muchas cosas, correr el riesgo de aferrarse tanto más desesperadamente a aquello por lo cual rechazamos todo lo demás. "Habrá que dejar todo esto... ¡Y que me ha costado tanto!" Y Sainte-Beuve dice que si bien la primera exclamación de Mazarin es la de un amateur, la segunda es la del avaro. Se equivoca, y la segunda, precisamente, justifica la primera. Por lo que nos cuesta valoramos, lo más exactamente posible, el inestimable objeto amado.



1944. Como Casandra, la Historia profetiza, y lo mismo que a Casandra, nadie le hace caso. Los vencedores prefieren ignorar que todo acaba con una derrota, y a los vencidos nos les gusta que les recuerden que hay pocas víctimas que sean inocentes.

El optimista y el pesimista, el hombre que cree que todo se arregla y el hombre que cree que todo acaba mal se pasean argumentando sobre el emplazamiento de un campo de batalla. Ambos se enredan en peroratas, enronquecen, gesticulan. Ambos extraen del paisaje pruebas que apoyen sus tesis. Y en efecto, durante ese tiempo, la hierba sigue creciendo sobre las tumbas y los muertos pudriéndose bajo la hierba.



1945. La bomba atómica no nos trae nada nuevo, pues nada es menos nuevo que la muerte. Es atroz que unas fuerzas cósmicas, apenas dominadas, sean utilizadas inmediatamente para el asesinato, pero el primer hombre a quien se le ocurrió empujar una roca para aplastar a su enemigo utilizó la gravitación para matar a alguien.



Sacude (si quieres) sobre la humanidad el polvo de tus sandalias, pero piensa también que tú recibes de ella ciertos bienes indispensables. Justamente asqueado de los traficantes sin corazón, de los amigos sin fe y de los músicos sin oído, Rousseau busca en Montmorency la ilusión de la selva virgen. Olvida que esa cesta que lleva al brazo Teresa, ese traje armenio que él se pone, tan cómodo para su enfermedad de vejiga, y sus mismas ensoñaciones, no interrumpidas por fieras ni bandidos, son otras tantas deudas para con lo humano. En los bosques americanos por donde se puede caminar dias enteros sin encontrar ni un alma, basta un sendero trazado por un leñador para enlazarnos con toda la historia.



Un amigo me escribe: «A partir del día en que nos damos seriamente cuenta de que hay que aceptar el dejar la vida, todo se hace más fácil. Cuando no hemos dormido durante varias noches seguidas, lo tolera uao mejor, porque se encueutra atontado y apacible». Casi todos nosotros, al menos una vez, hemos conocido ese estado y hemos hecho unas constataciones del mismo tipo. A partir de ese momento, jugamos sin riesgo, todo va como la seda. Como la seda negra.



¿Qué es lo que te ayuda a vivir en los momentos de desconsuelo y de horror? La necesidad de ganar o amasar tu pan, el sueño, el amor, la ropa limpia que te pones, un viejo libro que relees, la sonrisa de la negra o del sastre polaco de la esquina, el olor de los arándanos maduros y el recuerdo del Partenón. Todo lo que era bueno en las horas de deleite sigue siendo exquisito en las horas se desvalimiento. Los que cambian de opinión en la desgracia, como los que se convierten en el momento de morir, confiesan con ello que han vivido mal.



Dormir o soñar, decís, y entendéis por soñar, príncipe mío, probablemente lo equivalente a vivir. Pero si es dormir, justo es que descanséis después de tantos insomnios en la terraza de Elsenor. Y si es soñar, ¿por qué temerle a los sueños, vos que tan poco miedo tenéis a los fantasmas?



No nos quejemos de que nuestros males no tengan igual: desde lo alto de las Pirámides, cuarenta siglos se reirían ante nuestras narices. No digamos tampoco que son insoportables: si lo fuesen, ya habríamos perdido la vida. Y los muertos callan o no se expresan sino con Dios.



Estos fragmentos proceden de un cuaderno de notas que tuve entre 1942 y 1948, o sea durante un período de seis años. Sólo llevan fecha aquellos escasos pasajes que se refieren claramente a acontecimientos exteriores.

                                              M.Y.
 -Texto, Marguerite Yourcenar / Imagen, Olga Minnibaeva-

miércoles, septiembre 24

Los ojos azules pelo negro, fragmentos. Marguerite Duras.

  

 “Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido”.
-Marguerite Duras-

Ella había oído hablar de aquellos tráficos cuando era joven. Las chicas de la clase hablaban de las moles de piedra y de las personas que iban allí por la noche. Algunas chicas habían ido para que los hombres las tocaran. Muchas no se atrevían, por temor. Las que habían ido, una vez de regreso, no podían ser como las que lo ignoraban. Ella había ido también un noche, tenía trece años. Allí nadie se hablaba, las cosas se hacían en silencio. Junto a las moles de piedra había cabinas. Estaban pegados a las paredes de las cabinas el uno frente al otro. Había sido muy lento, él había penetrado primero con los dedos, luego con la verga. En el deseo, él hablaba de Dios. Ella había forcejeado. Él la había sujetado entre sus brazos. Le decía que no tuviera miedo. Al día siguiente ella había sentido la tentación de hablar a su madre de su visita a aquellas personas del paso. Pero durante la cena le pareció que ella no tenía que saber nada ya respecto a su hija. La hija no ignoraba hasta aquel momento que su madre conocía la existencia de ese lugar. Hablaba de él, en efecto, una vez dijo que había que evitar ir por aquel lado de la playa llegada la noche. Lo que no sabía la hija antes de aquella noche era si aquella mujer, había, también ella, cruzado el ecuador de la otra vertiente. Fue por la mirada de la madre a la hija, aquella noche, por aquel silencio entre ellas, por aquella risa oculta, que atravesaba la mirada de connivencia inmensurable, por lo que lo supo. Eran las mismas respecto al punto de los que sucedía en aquel lugar de la noche.

Fue en la carretera nacional, al levantarse el día, tras cerrar el segundo café, cuando le dijo que buscaba a una joven para que durmiera con él durante algún tiempo, que tenía miedo a la locura.

Al oír a Elio, así tendida al lado del cuerpo desnudo de Ginetta, pensé en el amor de ambos, no en el amor en el tiempo sino en el espacio, en cómo este amor de Elio había echado raíces y se nutría cada día de esta mujer. Era un amor terrible, que hubiera podido aterrarnos porque estaba siempre tan presente, a cada minuto, tan presente y tan definitivo que daba miedo, como si estuviera hecho para lo absoluto, porque te obligaba a creer en el amor y, lejos de empobrecerte porque tú no vivieras un gran amor de este tipo, lejos de entristecerte, te hacía esperar del amor más de lo que habías esperado hasta entonces, y te maravillabas (ésta es la palabra, creo yo, estar maravillado, es decir, quedarse privado de razón ante un prodigio) de que dos seres, un hombre y una mujer, puedan encontrar el uno en el otro un interés tan total, tan renovado cada día, intacto, que sustituían el uno para el otro a la totalidad del mundo. No es que Elio o Ginetta no se ocuparan más que de amarse: lejos de eso, son por el contrario personas muy ocupadas en la vida, absorbidas por cosas muy diversas, pero son el uno para el otro ese trampolín desde el cual parten cada día, valiéndose de ese impulso que sólo encuentran el uno en el otro. Se me dirá que era mucha suerte asistir a un amor semejante en un paisaje como el de Bocca di Magra. Yo creo que era una suerte.

Ella le dice que vaya. Venga. Le dice que es puro terciopelo, un vértigo, pero también, no vaya a pensar, un desierto, algo maléfico que conduce además al crimen y ala locura. Ella le pide que vaya a ver aquello, que es algo infecto, criminal, un agua turbia, el agua de la sangre. Que un día tendrá que hacerlo aunque sea una vez...

Ella quiere oír cómo amaba él a ese amante perdido. Él dice: Más allá de las propias fuerzas, más allá de la vida. Ella quiere oírlo de nuevo. Él vuelve a decirlo. Ella se cubre otra vez el rostro con la seda negra, él se tiende a su lado. Nada en sus cuerpos se toca. Su inmovilidad es común. Ella repite con la voz de él: Más allá de las propias fuerzas, más allá de la vida.

Una noche él descubre que ella mira a través de la seda negra. Que mira con los ojos cerrados. Que sin mirada mira. La despierta, le dice que tiene miedo de sus ojos. Ella dice que es de la seda negra de lo que tiene miedo, no de sus ojos.

El está tendido junto a ella. Ella está bajo la seda negra con los ojos cerrados. Ella acaricia los ojos, la cavidad de los ojos, la boca, los pómulos, la frente. Busca como ciega otro rostro, a través de la piel, los huesos (...) Y grita… Aparta las manos del rostro del hombre de la habitación como si se hubiera quemado, se separa de él, va a lanzarse junto a la pared del mar. Grita. (...) Llama a alguien con voz muy baja, sorda, llama como en su presencia, como lo haría con un muerto...

A ella no le habla de él. No se le ocurre. No habla de su vida. Nunca se le ha ocurrido que pudieran hacerlo. Las palabras no están ahí ni la frase para colocar en ella las palabras. Para que ellos digan lo que les sucede existe el silencio o bien la risa, o, a veces, por ejemplo, además, llorar.

Él le dice que un único y mismo extranjero era la causa de su desesperación aquella noche a la orilla del mar. Ella recuerda que él le ha hablado con frecuencia de un joven extranjero de ojos azules pelo negro pero que ella no había pensado nunca que se tratara de aquel que ella había amado.
 -Texto, Marguerite Duras-

martes, septiembre 23

Prólogo a Lonesome Traveler, Jack Kerouac -sobre Jack Kerouac-


Nombre  
Jack Kerouac                                                                                                                               

Nacionalidad  
Franco-Americano

Lugar de Nacimiento 
Lowell, Massachussets

Fecha de Nacimiento  
12 de Marzo de 1922

Educación  
Escuela Secundaria de Lowell (Mass.); Escuela de Varones Horace Mann; Universidad de Columbia (1940-42); Nueva Escuela de Estudios Sociales (1948-49). Artes liberales, ninguna licenciatura (1936-1949). Tuve una A en el Curso de Inglés de Mark Van Doren (Curso sobre Shakespeare).— Reprobé química en Columbia— Tuve 92 de promedio en la Escuela Horace Mann (1939-1940) Jugué al football infinidad de veces, y estuve en equipos de baseball y atletismo.

¿Casado?  
Nah

Hijos  
No
Resumen de sus principales ocupaciones y/o trabajos

De todo. Dilucidemos: trabajé en la borda de un barco, fui empleado en una estación de servicio, marinero de cubierta, escritor de periódicos deportivos (Lowell Sun), guardafrenos en el tren, guionista para 20th Century Fox en New York, agitador de gaseosas, empleado y botones en el tren, recolector de algodón, asistente de mudanzas, aprendiz en el laminado de metales en el Pentágono en 1942, guardabosques y vigía de incendios en 1956, trabajador en la construcción (1941).

Intereses

Hobbies   
Inventé mi propio juego con cartas de baseball, extremadamente complicado, y estoy en proceso de jugar una temporada de 154 juegos entre ocho clubes nocturnos.

Deportes  
Los jugué todos, excepto el tenis, el lacrosse y el skull.

Especialidad  
Las chicas

Por favor, haga un breve resumen de su vida.

Tuve una infancia hermosa; mi padre era imprentero en Lowell, Mass., yo deambulaba por los campos y las orillas de los ríos día y noche, escribía pequeñas novelas en mi cuarto, la primera a los 11 años, incluso llevé largos diarios y “periódicos” que cubrían las carreras de caballos que inventaba y el mundo de football y el baseball (como puede leerse en la novela Doctor Sax)— Tuve una buena educación con los Hermanos Jesuitas en la Escuela Parroquial St. Joseph’s en Lowell, que me hizo saltar luego el sexto grado en una escuela pública; de niño viajé con mi familia a Québec y Montreal; a los 11 años el Alcalde de Lawrence (Mass.) me regaló un caballo, Billy White, y llevaba a todos los niños del barrio de paseo; luego el caballo huyó. Hice largos paseos bajo los viejos árboles de New England en la noche con mi madre y mi tía. Escuché atentamente todo lo que cuchicheaban. Decidí ser escritor a los 17 por influencia de Sebastian Sampas, un poeta local que tiempo después murió en Anzio Beach; leí la vida de Jack London y decidí volverme también aventurero, un viajero solitario; al principio fui influenciado por Hemingway y Saroyan, luego por Wolfe (después de haberme roto la pierna jugando al football en Columbia, leía a Tom Wolfe y vagaba por New York en muletas). —- Influenciado por mi hermano mayor Gerard Kerouac que murió a los 9 años en 1926, cuando yo tenía 4, quien era un gran dibujante y pintor —- (también un santo, según algunas monjas) —- (como puede leerse en Visions of Gerard)
Mi padre era un hombre lleno de alegría, absolutamente honesto; amargado en sus últimos años, durante la presidencia de Roosvelt y la Segunda Guerra Mundial, murió de cáncer de bazo. —- Mi madre aún vive. Vivo con ella una vida monástica que me ha permitido escribir todo lo que he escrito. — Pero también escribí en el camino, como vagabundo y viajero en trenes, en mi exilio en México y de viaje en Europa (como puede verse en Lonesome Traveler). —- Una hermana, Carolyn, casada con Paul E. Blake Jr., de Henderson, N. C., técnico de antimisiles en el Gobierno — tienen un hijo, Paul Jr., que me llama tío Jack y me ama. —- El nombre de mi madre es Gabrielle; todo lo que aprendí sobre narrar lo aprendí de las largas historias sobre Montreal y New Hamshire que me contaba. — Mi familia proviene de Bretaña, Francia; primero, mi ancestro norteamericano, el Barón Alexandre Louis Lebris de Kérouac, de Cornwall, Brittany, 1750, a quien le concedieron tierras a lo largo de Rivière de Loup, luego de la victoria de Wolfe sobre Montcalm; sus descendientes se casaron con nativos (Mohawk y Caughnawaga) y pusieron una granja de tomates; el primer descendiente en los Estados Unidos fue mi abuelo, Jean-Baptiste Kérouac, carpintero, en Nashua, N.H.—- El padre de mi madre, Bernier, era pariente de Bernier el Explorador —- todos bretones de parte de mi padre — Mi madre tiene apellido normando, L’Evesque.—-
Primera novela formal, The Town and The City, escrita bajo la tradición de un largo trabajo corrector, de 1946 a 1948, publicada por Harcourt Brace en 1950. — Luego descubrí la prosa espontánea y escribí, digamos, The Subterreneans en 3 noches y On The Road, en 3 semanas —-
Leí y estudié solo toda mi vida. —- En la Universidad de Columbia establecí un récord salteándome clases para quedarme en mi dormitorio y escribir diariamente y leer a Louis Ferdinand Céline, en vez de los “clásicos” de los cursos.—-
Soy dueño de mi propia mente. —- Se me conoce como un “loco ángel vagabundo” con una “mente desnuda e infinita” para la “prosa.” — También escribí versos, Mexico City Blues (Grove, 1959). —- Siempre consideré que escribir era mi deber en la tierra. Al igual que la prédica de la amabilidad universal, cuyas histéricas críticas han fallado al congratular a mi actividad escritora de novelas verídicas como “novelas sobre la Generación “Beat.”— En realidad no soy “beat”, sino un extraño, loco y solitario católico místico…


Planes Finales 
Ser eremita en los bosques, escribir pausadamente en la vejez, apacibles esperanzas con respecto al Paraíso (que después de todo, nos llega a todos)…

Queja favorita respecto del mundo contemporáneo
La burla de la gente “respetable”… que al no tomarse nada seriamente, está destruyendo los viejos sentimientos humanos, más viejos que la revista Time… Dave Garroways riéndose de las palomas blancas…


  
-Texto, Jack Kerouac, incluido como prólogo a Lonesome Traveler, 1960- Título original: Authour’s Introduction- Traducción: Martín Abadía-


lunes, septiembre 22

Diario de Duelo, Roland Barthes. Fragmentos



Al día siguiente de la muerte de su madre, el 25 de octubre de 1977, Roland Barthes empieza un “Diario de duelo”. Escribe con tinta, a veces con lápiz, sobre papeletas que él mismo prepara a partir de hojas de papel estándar cortadas en cuatro y de las que siempre conserva una reserva en su mesa de trabajo.

Mientras redacta este diario, Roland Barthes prepara su curso en el Collège de France sobre “Lo Neutro” (febrero-­‐junio de 1978), escribe el texto de la conferencia titulada “Durante mucho tiempo me acosté temprano” (diciembre de 1978), publica muy numerosos artículos en diferentes  diarios y revistas, escribe La chambre claire entre abril y junio de 1979, redacta el puñado de papeletas su proyecto “Vita Nova durante el verano de 1979, prepara su curso doble para  el Collège de France sobre “La preparación de la novela” (diciembre de 1978-febrero de 1980).

Al principio de estas obras mayores, todas explícitamente puestas bajo el signo de la muerte de la madre, se encuentran las fichas del “Diario de duelo".

(DIARIO DE DUELO 26 de octubre de 1977 - 15 de septiembre de 1979. Traducción de Adolfo Castañón - Texto establecido y anotado por Nathalie Léger)



1977

27 de octubre

—¡No ha conocido usted el cuerpo de la Mujer!

—Conocí el cuerpo de mi madre enferma, luego moribunda



En cuanto alguien está muerto, construcción enloquecida del porvenir (cambio de muebles, etc.): futuromanía.



27 de octubre

SS: —Me encargaré de ti, te haré hacer una cura de calma.

RH: —Desde hace seis meses estabas deprimido porque lo sabías.

Duelo, depresión, trabajo, etc. —pero dicho discretamente, según su costumbre.

Irritación.

No, el duelo (la depresión) es algo distinto de una enfermedad.

¿De qué quieren que me cure?

¿Para encontrar qué estado, qué vida?

Si hay trabajo, el que será dado a luz no es un ser plano, sino un ser moral, un sujeto de valor —y no de integración.



27 de octubre

Todo el mundo conjetura -así lo siento- el grado de intensidad de un duelo.

Pero imposible (signos irrisorios, contradictorios) medir hasta qué punto alguien ha sido alcanzado.



29 de octubre

Cosa rara, su voz que conocía tan bien, de la que se dice es el grano mismo del recuerdo (“la querida inflexión…”), no la oigo.

Como una sordera localizada…



29 de octubre

Idea —que causa estupor pero no desolación—que ella no ha sido “todo” para mí. Si no, yo no habría escrito obra.

Desde que la cuidé, desde hace seis meses, efectivamente, ella era todo” efectivamente, ella era “todo” para mí, y olvidé completamente que había escrito. Yo era perdidamente para ella.

Antes, ella se hacía transparente para que yo pudiese escribir.



29 de octubre

La medida del duelo.

(Larousse, Memento): dieciocho meses para el duelo de un padre, de una madre.



30 de octubre

…que esta muerte no me destruya por completo, quiere decir que decididamente quiero vivir perdidamente,  hasta la locura, y que por lo tanto el miedo de mi propia muerte está ahí, no se ha desplazado ni una pulgada.



31 de octubre

No quiero hablar por temor a hacer lityeratura -o sin estar seguro de que eso no lo sería- aunque de hecho la literatura se origine en estas verdades.



31 de octubre

A veces, muy brevemente, un momento blanco -como de  insensibilidad- que no  es  momento de olvido.

Eso me espanta.



31 de octubre

Acuidad nueva, extraña, para ver (en la calle) la fealdad o la belleza de la gente.



4 de noviembre

El día de hoy, hacia las 17 horas, todo ha sido más o menos ordenado; está ahí la soledad definitiva, mate, a partir de ahora ya no hay otro término sino mi propia muerte.



Nudo en la garganta.

Mi desgarradura se activa al hacer una taza de té, un pedazo de carta, al poner en su sitio un objeto -como si, cosa horrible, yo gozara del departamento arreglado “para mí”, pero este goce se pega a mi desesperación.



Todo esto define el desprendimiento de todo trabajo.



15 de noviembre

Estoy o desgarrado o incómodo y a veces bocanadas de vida.



21 de noviembre

Ahora sí de dónde puede venir la Depresión: al releer mi diario de este verano, (1) estoy a la vez “encantado” (cautivado) y decepcionado: así que la escritura a su máximo es de todos modos irrisoria.

La Depresión vendrá cuando, desde el fondo de la aflicción, ni siquiera podré agarrarme a la escritura.

(1) R. Barthes publicó algunas páginas de este diario del verano de 1977 en  “Délibération”, Tel Quel, núm. 82, invierno de 1979.



7 de diciembre

Ahora, a veces, sube en mí, inopinadamente como un globo que revienta: la constatación: ella ya no está, para siempre y totalmente.

Es algo mate, sin adjetivo -vertiginoso porque insignificante (sin interpretación posible).

Dolor nuevo.


1978

18 de enero

Lo irremediable es a la vez lo que me desgarra y lo que me contiene (ninguna posibilidad histérica de chantaje con el sufrimiento, puesto que todo ya ha sido juzgado).



18 de febrero

Creí que la muerte de mamá haría de mí alguien “fuerte”, puesto que accedo a la indiferencia de lo mundano.

Pero eso ha sido todo lo contrario: soy todavía más frágil (normal: por una nada en estado de abandono).



19 de marzo

M. y yo sentimos que paradójicamente (puesto que comúnmente se dice: Trabajen, distráiganse, vean gente), es cuando estamos agitados, ocupados, solicitados, exteriorizados, que tenemos la mayor aflicción.

La interioridad, la calma, la soledad la hacen menos dolorosa.



2 de abril

¿Qué tengo que perder ahora que he perdido la Razón de mi vida -la razón de tener miedo por alguien?



1 de agosto

La literatura es eso: que yo no pueda leer sin dolor, sin sofocarme de verdad, lo que Proust escribe en sus cartas sobre la enfermedad, el valor, la muerte de su madre, su aflicción, etc.



23 de diciembre

Leves sinsabores, ataques, amenazas, acosos, sentimiento de fracaso, período negro, pesada carga que llevar, “cárcel”, etc.

No puedo impedirme poner esto en relación con la desaparición de mamá.

No es -magia simple- que ella ya no esté ahí para protegerme, mi trabajo siempre estaba concretamente mantenido aparte de ella; es más bien -pero ¿es lo mismo?- que ahora estoy orillado sin escapatoria a iniciarme en el mundo -dura iniciación.

Miserias de un nacimiento.


1979

18 de enero

Desde la muerte de mamá ningun deseo de “construir” -salvo en la escritura.

¿Por qué?

Literatura = única región de la Nobleza (como lo era mamá).



15 de septiembre

Hay mañanas tan tristes…



Algunas notas sobre mamá

Hablar de mamá:

¿y qué, Argentina, el fascismo argentino, los encarcelamientos, las torturas políticas,  etc.? Eso la habría herido. Y la imagino con horror entre las mujeres y madres de los desaparecidos que se manifiestan por aquí y por allá.Cómo habría sufrido si me hubiese perdido.

-Textos, Roland Barthes- 

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