La Lengua de Dionisios...

Inquietar -Libros para descargar gratis-

Desde este Blog es posible descargar gratis algunos libros desde mi cuenta personal en academia.edu. Estoy haciéndolo con las propias limitaciones que los tiempos personales imponen. Les pido paciencia. Para encontrar aquellos que ya he subido, dejo aquí el enlace:

https://independent.academia.edu/RayuelaSincielo/Books

miércoles, agosto 20

Tres poemas de Olga Orozco: Aquí están tus recuerdos/ El jardín de las delicias / Entre perro y lobo



Aquí están tus recuerdos...

Aquí están tus recuerdos:

este leve polvillo de violetas

cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas;

tu nombre,

el persistente nombre que abandonó tu mano entre las piedras;

el árbol familiar, su rumor siempre verde contra el vidrio;

mi infancia, tan cercana,

en el mismo jardín donde la hierba canta todavía

y donde tantas veces tu cabeza reposaba de pronto junto a mí,

entre los matorrales de la sombra.



Todo siempre es igual.

Cuando otra vez llamamos como ahora en el lejano muro:

todo siempre es igual.

Aquí están tus dominios, pálido adolescente:

la húmeda llanura para tus pies furtivos,

la aspereza del cardo, la recordada escarcha del amanecer,

las antiguas leyendas,

la tierra en que nacimos con idéntica niebla sobre el llanto.



-¿Recuerdas la nevada? ¡Hace ya tanto tiempo!

¡Cómo han crecido desde entonces tus cabellos!

Sin embargo, llevas aún sus efímeras flores sobre el pecho

y tu frente se inclina bajo ese mismo cielo

tan deslumbrante y claro.



¿Por qué habrás de volver acompañado, como un dios a su mundo,

por algún paisaje que he querido?

¿Recuerdas todavía la nevada?



¡Qué sola estará hoy, detrás de las inútiles paredes,

tu morada de hierros y de flores!

Abandonada, su juventud que tiene la forma de tu cuerpo,

extrañará ahora tus silencios demasiado obstinados,

tu piel, tan desolada como un país al que sólo visitaran cenicientos pétalos

después de haber mirado pasar,   ¡tanto tiempo!,

la paciencia inacabable de la hormiga entre sus solitarias ruinas.



Espera, espera, corazón mío:

no es el semblante frío de la temida nieve ni el del sueño reciente.

Otra vez, otra vez, corazón mío:

el roce inconfundible de la arena en la verja,

el grito de la abuela,

la misma soledad, la no mentida,

y este largo destino de mirarse las manos hasta envejecer.





El jardín de las delicias

         ¿Acaso es nada más que una zona de abismos y volcanes en

plena ebullición, predestinada a ciegas para las ceremonias de la

especie en esta inexplicable travesía hacia abajo? ¿O tal vez un

atajo, una emboscada oscura donde el demonio aspira la inocencia

y sella a sangre y fuego su condena en la estirpe del alma?¿ O tan

sólo quizás una región marcada como un cruce de encuentro

y desencuentro entre dos cuerpos sumisos como soles?

No. Ni vivero de la Perpetuación, ni fragua del pecado original,

ni trampa del instinto, por más que un solo viento exasperado

propague a la vez el humo, la combustión y la ceniza. Ni siquiera

un lugar, aunque se precipite el firmamento y haya un cielo que

huye, innumerable, como todo instantáneo paraíso.

         

           A solas, sólo un número insensato, un pliegue en las membranas

de la ausencia, un relámpago sepultado en un jardín.

 

           Pero basta el deseo, el sobresalto del amor, la sirena del

viaje, y entonces es más bien un nudo tenso en torno al haz de

todos los sentidos y sus múltiples ramas ramificadas hasta el

árbol de la primera tentación, hasta el jardín de las delicias y

sus secretas ciencias de extravío que se expanden de pronto

de la cabeza hasta los pies igual que una sonrisa, lo mismo

que una red de ansiosos filamentos arrancados al rayo, la

corriente erizada reptando en busca del exterminio 0 la salida,

escurriéndose adentro, arrastrada por esos sortilegios que son

como tentáculos de mar y arrebatan con vértigo indecible

hasta el fondo del tacto, hasta el centro sin fin que se desfonda

cayendo hacia lo alto, mientras pasa y traspasa esa orgánica

noche interrogante de crestas y de hocicos y bocinas, con

jadeo de bestia fugitiva, con su flanco azuzado por el látigo

del horizonte inalcanzable, con sus ojos abiertos al misterio

de la doble tiniebla, derribando con cada sacudida la nebulosa

maquinaria del planeta, poniendo en suspensión corolas como

labios, esferas como frutos palpitantes, burbujas donde late la

espuma de otro mundo, constelaciones extraídas vivas de su

prado natal, un éxodo de galaxias semejantes a plumas girando

locamente en el gran aluvión, en ese torbellino atronador que

ya se precipita por el embudo de la muerte con todo el universo

en expansión, con todo el universo en contracción para el parto

del cielo, y hace estallar de pronto la redoma y dispersa en la

sangre la creación.



                El sexo, sí,

                más bien una medida:

                la mitad del deseo, que es apenas la mitad del amor.



Entre perro y lobo

Me clausuran en mí.

Me dividen en dos.

Me engendran cada día en la paciencia

y en un negro organismo que ruge como el mar.

Me recortan después con las tijeras de la pesadilla

y caigo en este mundo con media sangre vuelta a cada lado:

una cara labrada desde el fondo por los colmillos de la

     furia a solas,

y otra que se disuelve entre la niebla de las grandes manadas.



No consigo saber quién es el amo aquí.

Cambio bajo mi piel de perro a lobo.

Yo decreto la peste y atravieso con mis flancos en llamas

las planicies del porvenir y del pasado;

yo me tiendo a roer los huesecitos de tantos sueños

     muertos entre celestes pastizales.

Mi reino está en mi sombra y va conmigo dondequiera que vaya,

o se desploma en ruinas con las puertas abiertas a la

     invasión del enemigo.



Cada noche desgarro a dentelladas todo lazo ceñido al corazón,

y cada amanecer me encuentra con mi jaula de obediencia en el lomo.

Si devoro a mi dios uso su rostro debajo de mi máscara,

y sin embargo sólo bebo en el abrevadero de los hombres

un aterciopelado veneno de piedad que raspa en las entrañas.

He labrado el torneo en las dos tramas de la tapicería:

he ganado mi cetro de bestia en la intemperie,

y he otorgado también jirones de mansedumbre por trofeo.

Pero ¿quién vence en mí?

¿Quién defiende de mi bastión solitario en el desierto, la sábana del sueño?

¿Y quién roe mis labios, despacito y a oscuras, desde mis propios dientes?
-Textos, Olga Orozco / Imágenes, Dino Valls-



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por la travesía, Gracias...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...