domingo, agosto 10

Tres poemas de Alberto Girri. Que tu mirada vaya... / De la vida doméstica / Quien habla no está muerto





Que tu mirada vaya...

Que tu mirada vaya

dejando de separar

impresiones sensibles, afectivas,

de las meras formas,

                     y resbale, no coherente,

a despojar de relieve lo que encuentre,



                    indicaría cómo pierdes

el dominio sobre ella,

                           paralizado también

tu cuerpo en lo que hasta ahora fue:

              manifestación y participación,

                    y en suspenso

la rutina del hablar y el pensar,

la exigencia de que hablar

y no pensar no se puede,

                         ni pensar callando.



Y más aun haría patente

un empezar a abandonarte

a lo suelto y espontáneo

como viento, como corriente,

                        viento y corriente,

no ya situaciones fijas, inmovilidad objetiva,

  
no ya dilemas,

                         sino un calmo estar

en el que te permitas verte

cazando pájaros con redes,

liebres con gestos,

                                irreflexivamente.



 De la vida doméstica
Quien,
Tras apelar a la estricnina
La deshecha por temible
Arma de doble filo, exterminadora
De roedores pero también
De compañeros del hogar,
Útiles presencias,

Y quien sueña
Rehabilitar a los gatos,
Devolverles su anárquica
Ferocidad, aletargada
Bajo blandas manos,
Asépticas comidas.

Quien,
Adquiriendo versación en drogas
Que provocan derrames internos,
Asegura la mortalidad
De varias generaciones,
Hasta que ve agotar su eficacia, drogas
Que pasan a la condición de estimulantes
Del apetito de las grandes ratas,

Y quien,
Inocente o descabellado,
Predica sustituir los gatos
Por serpientes, mangostas,
Y es pagado con irrisión, el fracaso
De que nadie se pliegue a convivir
En bodegas, sótanos, graneros,
Con tan peculiares cazadores.
Y quien,
Enciende el estupor, aterroriza,
Con la precisión de sus cálculos,
Anunciando que cada rata, imperturbable
Dueña de la vida como propósito
Que ninguna intimidación aplacaría,
Sigue afanada a extraer de sí
Doce crías anuales,
A razón de diez
Ratitas por camada.



Quien habla no está muerto

Un curioso se interesa por la frase,
Literalmente

Vertida del alemán, un verso.

La aparta, la despliega

Sobre la mesa, bien manifiesta, intuyendo

Al margen de su obviedad el ánimo

De sustentar lo que se quiera

En cualquier circunstancia, aseverar

Monólogos o diálogos,

Desmentirlos;

Fácil de ser memorizada

Como tersa y metálica variante

Del bíblico “Tienen la boca más no hablan”.



No le dura casi. De improviso

Es como golpeado, despertado,

La vecindad de otra lectura

Previniéndole que no existen

Verdades objetivas,

Y que si así no fuera

¿cómo,legitimarlas, a través de qué?;



y su inicial devoción, sumisión

A la frase, se tambalea,

Vacila hasta desleírse,

Escudriñándola de nuevo, extrañado,

Como un inquisidor, ensombrecido,

Recriminándole no haberle hecho entender

Que su corteza, irrefutable en lo exterior,

Tiene tan descorazonadores límites

(No,

“Quien habla no está muerto”,

Sino,

“Quien habla probablemente no está muerto”;



y desazonado, indispuesto

Consigo mismo, a sí mismo

Puesto bajo la acusación



De quimérico, crédulo,

De culpable ligereza

En entregarse a deducir
Que lo evidente es verdadero. 
-Textos, Alberto Girri / Imágenes, Pierre Boncompain-

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