La Lengua de Dionisios...

Inquietar -Libros para descargar gratis-

Desde este Blog es posible descargar gratis algunos libros desde mi cuenta personal en academia.edu. Estoy haciéndolo con las propias limitaciones que los tiempos personales imponen. Les pido paciencia. Para encontrar aquellos que ya he subido, dejo aquí el enlace:

https://independent.academia.edu/RayuelaSincielo/Books

miércoles, agosto 27

Fragentos de Rayuela, de Julio Cortázar



Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso...
Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada...
Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada...
Y no lo sabe, igualita a la golondrina.
No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga.
Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas.
Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo.
Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo.
Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos
-Fragmento del Capítulo 21- 

El peso, el olor, el tono de una risa o de una súplica, los tiempos y las precipitaciones, nada coincide siendo igual, todo nace de nuevo siendo inmortal, el amor juega a inventarse, huye de sí mismo para volver en su espiral sobrecogedora, los senos cantan de otro modo, la boca besa más profundamente o como de lejos, y en un momento donde antes había como cólera y angustia es ahora el juego puro, el retozo increíble, o al revés, a la hora en que antes se caía en el sueno, el balbuceo de dulces cosas tontas, ahora hay una tensión, algo incomunicado pero presente que exige incorporarse, algo como una rabia insaciable. Sólo el placer en su aletazo último es el mismo; antes y después el mundo se ha hecho pedazos y hay que nombrarlo de nuevo, dedo por dedo, labio por labio, sombra por sombra.
 -Fragmento del Capítulo 92-

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.

-Fragmento del Capítulo 93-
 
Morelliana.
Pienso en los gestos olvidados, en los múltiples ademanes y palabras de los abuelos, poco a poco perdidos, no heredados, caídos uno tras otro del árbol del  tiempo. Esta noche encontré una vela sobre una mesa, y por jugar la encendí y anduve con ella en el corredor. El aire del movimiento iba a apagarla, entonces vi  levantarse sola mi mano izquierda, ahuecarse, proteger la llama con una pantalla viva que alejaba el aire. Mientras el fuego se enderezaba otra vez alerta, pensé que ese gesto había sido el de todos nosotros (pensé nosotros y pensé bien, o sentí bien) durante miles de años, durante la Edad del Fuego, hasta que nos la cambiaron por la luz eléctrica. Imaginé otros gestos, el de las mujeres alzando el  borde de las faldas, el de los hombres buscando el puño de la espada. Como las  palabras perdidas de la infancia, escuchadas por última vez a los viejos que se iban muriendo. En mi casa ya nadie dice «la cómoda de alcanfor», ya nadie habla  de «las trebes» —las trébedes—. Como las músicas del momento, los valses del año veinte, las polkas que enternecían a los abuelos.
Pienso en esos objetos, esas cajas, esos utensilios que aparecen a veces en graneros, cocinas o escondrijos, y cuyo uso ya nadie es capaz de explicar. Vanidad  de creer que comprendemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Sólo en sueños, en la poesía, en el juego —encender una vela,  andar con ella por el corredor— nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.
 -Fragmento del Capítulo 105-

lunes, agosto 25

Tres poemas de René Char. Cuatro edades / Remanencia / Consuelo


Cuatro edades 
I

El otoño para la hoja

El agua hirviendo para el cangrejo

Y el favorito el zorro

Ebrio sobre los hombros luminosos de la Actriz



Adherido al balcón naranja

Un ventisquero de rizos

Acampa en la ansiedad de mi corazón.



II

He estrangulado a mi hermano

Porque no gustaba de dormir

Con la ventana abierta

Hermana mía

Dijo antes de morir

Pasé noches enteras

Mirándote dormir

Inclinado sobre tu brillo en el cristal.



III

Apretados los puños

Rotos los dientes

Con lágrimas en los ojos

La vida

Apostrofándome empujándome y riendo a medias

Yo espiga anticipada de las siegas de agosto

Distingo en la corola del Sol

Una yegua

Me abrevo en su orina.


IV

Mi amor es triste

Porque es fiel

No interpela el olvido de los demás

No cae de la boca como un diario del bolsillo

No es flexible en la angustia que en común se arremolina

No se aísla en las rompientes de la península simulando

pesimismo

Mi amor es triste

Pues está en la naturaleza turbada del amor ser triste

Como la luz es triste

La dicha triste

No has pasado libertad tus correas de arena.



-Versión de Jorge Onfray-


Remanencia
 ¿Qué te hace sufrir? Como si se despertara en la casa sin ruido
el ascendiente de un rostro al que parecía haber fijado un agri0 espejo. Como si, bajadas la alta lámpara y su resplandor

encima de un plato ciego, levantaras hacia tu garganta oprimida la mesa antigua con sus frutos. Como si revivieras tus fugas

entre la bruma matinal al encuentro de la rebelión tan querida, que supo socorrerte y alzarte mejor que cualquier ternura.

Como si condenases, mientras tu amor está dormido, el pórtico soberano y el camino que lleva a él.

¿Qué te hace sufrir?

Lo irreal intacto en lo real devastado. Sus rodeos aventurados cercados de llamadas y de sangre.

Lo que fue elegido y no fue tocado, la orilla del salto hasta la ribera alcanzada, el presente irreflexivo que desaparece.

Una estrella que se ha acercado, la muy loca, y va a morir antes que yo.


-Versión de Jorge Riechmann-



Consuelo

     Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa

a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi amor: el que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda: ¿quién en verdad le amó?



     Mi amor busca su semejanza en la promesa de las

miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja

la esperanza y en seguida la desprecia. Prevalece sin

tomar parte en ello.



     Vivo en el fondo de él como un resto de felicidad.

Sin saberlo él, mi soledad es su tesoro. Es el gran meridiano

donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo vacía.



     Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa

a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi

amor: el que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda:

¿quién en verdad le amó y le ilumina de lejos para que

no caiga?

-Textos, René Char / Imágenes, Roberto Ferri-

sábado, agosto 23

Tres poemas de Cintio Vitier: Estamos / Los límites futuros / El aire



-Kreituse Anita-

Estamos



Estás

haciendo

cosas:

música,

chirimbolos de repuesto,

libros,

hospitales

pan,

días llenos de propósitos,

flotas,

vida,

con tan pocos materiales.

A veces

se diría

que no puedes llegar hasta mañana,

y de pronto

uno pregunta y sí,

hay cine,

apagones,

lámparas que resucitan,

calle mojada por la maravilla,

ojo del alba,

Juan

y cielo de regreso.

Hay cielo hacia delante.

Todo va saliendo más o menos

bien o mal o peor,

pero se llena el hueco,

se salta,

sigues,

estás haciendo

un esfuerzo conmovedor en tu pobreza,

pueblo mío,

y hasta horribles carnavales, y hasta

feas vidrieras, y hasta luna.

Repiten los programas,

no hay perfumes

(adoro esa repetición, ese perfume):

no hay, no hay, pero resulta que

hay.

Estás, quiero decir,

Estamos.

-Olga Minnibaeva-


 Los límites futuros



                                                          A José María Valverde



He tocado estos límites, los he masticado,

los he digerido (mal, desde luego),

los he trasmutado en días enormes y pequeños,

los he mandado a la luna de ida y vuelta,

los he dejado en Venus una tarde,

me he vestido con ellos para festejar mis bodas,

los he visto arder en la ceniza,

los he llenado de flores e improperios,

los he confundido con el patio de mi casa,

me han atendido como sirvientes,

médicos, psicólogos y sepultureros,

los he oído recitar sus poesías,

los he llevado como bastón, como amuleto,

como título de propiedad, como esperanza,

se han puesto a discutir con los vecinos

y desde luego con las nubes y los gatos,

los he sacado a puntapiés y me han abierto

las puertas del crepúsculo llorando,

se han llenado de rabia y de deseo,

se han puesto a recordar en la azotea,

juntos oímos música y leemos,

juntos sufrimos, nacemos y cantamos,

sus ojos borrarán estas palabras.

-Tran Nguyen-


El aire



Estoy despierto, sí, estoy mirando

fríamente algunas cosas

que van dejando ya de ser secretas.

Están ahí, como los árboles

en el desnudo aire. Sí, estoy despierto.

Hasta la casa de mi infancia es de los otros:

la han pintado de un color chillón,

entran y salen por los cuartos de mi alma,

hablando de otro asunto. La luz invade el patio

de mis ocultas nadas. También miro

con deseo ese rostro que es ninguno

y que viene como un ave malherida

de los que sufren y sonríen.

¡Oh pueblo innumerable! Estoy despierto.

Estoy mirando el polvo bañado por la luz,

las tinieblas disueltas en el aire

cuando empieza a dibujarse la verdad:

el árbol, la alegría, el sacrificio.

Y sé que aún tengo más recuerdos en la sangre

de los que puedo recordar, y más olvido

del que puede olvidarse en este mundo.

Pero qué importa, al fin, si la mitad

de aquella vida se me desprende y cae,




si tanto sueño, al fin, ha despertado,

si no hay sitio que no me esté mirando

ni instante en que el azar no me visite.

Quiero ser como tú, ¡oh rostro de los pobres!,

misterio del dolor y la sonrisa, porque el aire,

el simple aire límpido y vacío,

llenará nuestras voces y esperanzas.
-Textos, Cintio Vitier-
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