La Lengua de Dionisios...

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lunes, julio 28

Tres poemas de Amelia Biagioni -El Todo / Cavante, andante/ Poema de Octubre -


 
"(...) ¿quién reedita a un fantasma? Soy una mujer antigua (...).
Una mujer cuyo oficio fundamental en la vida ha sido el silencio. 
No tengo más que un puñado de porfiados lectores, de cuya supervivencia a mis cambios me asombra siempre. Un puñadito de lectores, que son demasiados, porque para la economía del universo dicen que sólo basta uno"

-Amelia Biagioni, en carta a un poeta chileno, noviembre de 1987- 

EL TODO 
Porque un corpúsculo
tiene en pasión y acción
el volumen del cielo
y porque el tiempo avanza retrocediendo
y porque sólo hay pan hambriento vertiginoso
y porque sólo ves con límites
puedes decir simplificando:

El todo es un instante o ascenso
con un amor o víctima primera
de un otro 
consumido
por la víctima
de un otro
devorado
por la víctima
de un otro y siempre así
feliz y atroz
y siempre diferente,
hasta un amor o víctima final
que es la primera
dentro de otro universo.
CAVANTE, ANDANTE
A veces
soy la sedentaria.

Arqueóloga en mí hundiéndome,
excavo mi porción de ayer
busco en mi fosa descubriendo

                               lo que ya fue o no fue
soy predadora de mis restos.

Mientras me desentierro y me descifro
                                y recuento mi antigüedad,
pasa arriba mi presente y lo pierdo.

Otras veces
me desencorvo con olvido
pierdo el pasado y soy la nómada.

Exploradora del momento que me invade,
remo sobre mi canto suyo
rumbo al naufragio en rocas del callar,
o atravieso su repentino bosque mío
hacia el claro de muerte.

Y a extremas veces
mientras sobrecavándome
descubro al fondo mi
fulgor inmóvil ojo
de cerradura inmemorial,

soy avellave en el ceniit

                            ejerciendo
mi remolino.
POEMA DE OCTUBRE 
Cuando desde mi nuca vuelvo al cuarto -que a veces
me repite por todos los hoteles del mundo-,
el espejo se mira, narciso de su historia,
que acumula con suave, pavorosa memoria;
la mesa da un gemido de bosque moribundo;
y el agua de mi vaso cuida lejanos peces.

De pronto se alzan noches de llama con rocío,
esa mujer soltó su muerte agazapada,
un gris viajante cuelga su sombra en el ropero,
se volcó en esta silla un dolor verdadero,
hay nudos y relámpagos de piel desesperada,
un viejo calculaba, cuando llegó su frío...

Y canto. Los fugaces de este cuarto de hotel
dejaron, sin saberlo, su trance aquí; de suerte
que yo, la socavada, sueno de su rumor.
Dame tu colección, denso espejo: el amor,
la esperanza, el fracaso, el instinto, la muerte...
Toma, en cambio, una gota de mi agonía fiel.

-Textos, Amelia Biagioni / Imágenes, Vladimir Clavijo-


 

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