martes, febrero 8

El eco de mi madre - Poema 11-



A ver, a ver, a ver, repetía antes de morirse
como si algo le tapara la visión del otro camino
ése que ella ya tenía delante de las narices
pero que la dirección de su cuerpo aún se negaba a tomar.
A ver, a ver, a ver, siguió insistiendo hasta el cansancio
mientras los que rodeábamos su cama queríamos ver también
si es que realmente algo visible,
un ángel o cualquier otra aparición,
metida de lleno en la asepsia de ese cuarto
podía darnos la clave médica de que algo estaba por pasar.
Después de que murió me sentí culpable
de haberla confrontado con sus fantasmas
a ver qué, mamá, a ver qué, a ver qué.
Y aunque nada había para ver, eso es seguro,
ella encontró, parece, el objeto que buscaba
porque de un minuto para otro se quedó muda
mientras yo con la pregunta en la boca
me fui rumiando las razones de todos los asuntos del mundo
que en la cadencia insoportable de su repetición
no tienen, no tienen y no tienen
ninguna respuesta.

-Texto, Tamara Kamenszain // Imagen, Tran Nguyen-

2 comentarios:

  1. Intenso. Llovizna fría sobre la espalda desnuda. ¡Felicitaciones por la perfecta combinación entre imágenes y poesía! Te saludo
    y espero verte pronto en mi blog =)
    Mirko

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  2. Pienso igual que Mirko. Esta poesía me hizo estremecerme con ese final "fui rumiando las razones de todos los asuntos del mundo
    que en la cadencia insoportable de su repetición
    no tienen, no tienen y no tienen
    ninguna respuesta." Besotes

    ResponderEliminar

Por la travesía, Gracias...

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