martes, octubre 19

En el vacío de la noche



“All day I hear the noise of waters”
J. Joyce

Polváme
sí polváme el centro que me hace
sí -en cuclillas polváme de dientes las ancas
/perladas de su transpiración
sí de lenguas la carne inflamada en ardores
polváme de cara al cielo para que entendiera
/de ese cuerpo desnudo
emergiendo de la ducha cotidiana
el brillo de sus pálidas estrellas
de esos labios fulgentes
que derraman aguas en el agua
el tintineo acuático
de su esparcido perfume

-Texto, Esteban Moore // Imagen, Xi Pan-

miércoles, octubre 13

11



Él me ama. Me ama tanto que yo huelo la muerte en sus caricias,
en su mirada veo el crimen, en cada gesto suyo: la absorción,
el tironeo.
En el Espectáculo de Suamor la tierra gira a una velocidad que
deforma mi cuerpo...
Succionada por su sed, yo: una gota de carne horizontal, que él
se dispone a chupar, sin pudor alguno.
Espera con espasmos, con ira, con sollozos, el momento justo,
enfocado, fatal, de abalanzarse sobre eso y penetrarlo.
Enarbolar ese coágulo de vida, levantarlo como una ofren-
da a su espejo.
Haga lo que haga, él ha decidido amarme, izarme en su soledad
como una bandera santa, sangrienta. Ya me ha condecorado,
condenado con Suamor.
Cómo busca en su cuerpo si cada roce sería una profecía; sus
extremidades como tentáculos traspasarían mis fronteras.
Caer en sus brazos: desbarrancarme por su avidez. Más que
tomarme, atravesarme, hincarme en lo puntiagudo de su
historia, clavarme en su cruz particular, hacerme la virgen
madre de su santuario musculoso.
Devorar algo en mí que todayó le represento, o sea, tenerme,
hacerme suya, hacerme de él.
Él, ser eso que soy.

-Texto, Susana Cerdá // Imagen, Odilon Redon-

sábado, octubre 9

Hundiré mis manos aquí, en este mar que no existe



Hundiré mis manos aquí, en este mar que no existe,
hundiré las hojas ávidas y el verso vertical que nació espada,
la tinta de helecho virgen, las sílabas furtivas que iban
diciendo: sálvame,
y el amor como un vino escrito.

Hundiré mis dedos, las lianas vivas y los pólipos que
enmudecen en mis dedos,
las flores graves que coronan a los reptiles que amo,
el liquen del sueño que maduran las serpientes más favorables,
el corazón pintado de blanco, hasta morir,
la garganta del día y sus branquias de oro.

Hundiré mis manos en noche que no existe sobre un mar
que no existe,
mi garganta entre anzuelos de la flora marítima,
en agua ebria y en buques como pájaros,
en aquello que no será posible,
en todo lo que se alza cuando la noche se alza,
cuando encalla su cornamenta de ciervo temible y solloza,
estrofa antílope o estrella en metro antiguo,
y andará la locura como un óleo escarlata,
ala o aceites rojos sobre la superficie de cierta oscuridad,
de océano ninguno.

Hundiré mis manos en este lugar leve donde duermen
secretas las marinas flamígeras,
y hablemos de las direcciones y de las cosas de la muerte,
y de sus rutas, y de sus atrios abrasados.

-Texto, Blanca Andreu // Imagen, David Paul Lyon-

miércoles, octubre 6

Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre



Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre.
Con un vestido blanco trazaré cada una de sus letras
por las paredes de mi dormitorio, por el suelo del patio del colegio,
por el pasillo de la casa más antigua. Para recordar mi origen cada vez que yo viva.
En todos los lugares podré besar sus mejillas limpias de cristal, aunque ella duerma lejos:
sus mejillas cercanas que me dolerán allá donde acaricie su nombre escrito.
Tantos días, tantas noches habrá de alimentarme amorosamente con su parábola descalza;
vendrá mi madre a arroparme, mujer de humo, con los ojos tiritando de suerte,
y en cada sueño mis apellidos dolerán como un cartel de bienvenida a un hogar diferente.
Sobre mi cabello, rubio como el de mi madre, la corona que me ciño como hija primogénita de Dinamarca.
Me llamaré Vacía, en honor a mis muertos; miraré cómo retozan de acrílico
las palmas de mis manos, sangrará mi lengua a disposición de mis muertos.
Gritaré quinientas veces el nombre de mi madre para quien quiera escucharlo,
y escribiré que bendigo este medio corazón en huelga mío, pues no olvido:
nací para llorar la muerte de otros.

-Texto, Elena Medel // Imagen, Marc Chagall-

lunes, octubre 4

¿Se atreve?



Yo emborronaré el mapa de lo vulgar
vertiendo la pintura en un vaso.
En un plato de gelatina mostré
los pómulos oblícuos del océano.

En las escamas de un pez de hojalata
leí la llamada de nuevos labios.
Y usted
¿se atreve
a tocar un nocturno
en la flauta de los canalones?

-Texto, Vladimir Mayakoski // Imagen, Giorgio de Chirico-

viernes, octubre 1

Elogio de la lejanía



En la fuente de tus ojos
viven las redes de los pescadores de la mar del extravío.
En la fuente de tus ojos
el mar cumple su promesa.
Aquí arrojo yo,
un corazón que se detuvo entre los hombres,
mi ropa y el esplendor de un juramento:

Más negro en lo negro, más desnudo voy.
Sólo infidente soy fiel.
Yo soy tú si yo soy yo.

En la fuente de tus ojos
desvarar suelo y sueño un rapto.

Una red prendió una red:
nos separamos enlazados.

En la fuente de tus ojos
un ahorcado estrangula la soga.

-Texto, Paul Celan // Imagen, Erwann Tirilly-
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