lunes, junio 14

Al filo del agua (Fragmentos)



"...Eran muchos diez años de martirio; entonces podría casarse con muchacha lozana todavía; el diablo...¡el pensamiento uxoricida!...no, era el diablo, traía las figuras de cien mujeres apetitosas: María, Úrsula, Teresa, Paula, Domitila, Rosa, Epifanía, Trinidad, Ventura, Felícitas, Águeda, Cecilia, Cecilia jovencita y chapeteada, Martina de ojos capulineros y trenzas brillantes como seda, Remigia, Victoria, Eusebia, Marta, Marta llena de vida, Marta por la que se mataron dos peones de la Estancia, y Lucía, Lucía primorosa, de piel blanca, de ojos azules, y Consolación, y Marina, y Rosario, y Gertrudis, y Margarita...Centelleo de ojos, danza de caderas, río de brazos, cosecha de mejillas. Brama la sangre y crujen las arterias esclerosas...

...El nombre le quemó la cabeza y todo el cuerpo. La carta, en el seno, era como una brasa. Lo echarían de ver. Un sudor se le iba y otro se le venía, y la cena no terminaba nunca. Quiso disimular, contando las ideas que las muchachas tenían para adornar el Monumento del Jueves Santo; la voz le temblaba, toda ella temblaba, como si la estuviera viendo Julián con esas miradas de lumbre, tan extrañas, que no la dejan salir a ninguna parte sin que se le claven como alfileres ardiendo [...] era como si la hubieran sorprendido desnuda, como si la desvistieran a la fuerza; qué asco, que indignación contra el impertinente, qué deseo de acusarlo con el señor cura, con todo el pueblo, para ver si dejaba de mirarla [...] Antes iría al excusado y rompería la carta, en añicos; la maldita carta como lumbre, algunas de cuyas palabras tenía pegadas en el cerebro,punzadoras: “amor”, “tristeza”, “deseo”, “poder hablar”, “comprendernos”, “toda la vida”. Era, sin duda, lenguaje del demonio[...]¿Por qué un hombre se atrevía a mirarla y a escribirle?...

...Tiembla la doncella con extraños, indomeñables, recios estremecimientos [...] Fue primero como aquella vez, en las fiestas de Teocaltiche, cuando se dio unos toques eléctricos que eran la mayor curiosidad y sorpresa de la feria; como cosquillas internas y hormigueo de los nervios; [...] Ella sola, por su pecado; era la única que sufría el martirio de no pegar los ojos en toda la noche [...] ¡Haber vivido en un minuto, en el orgasmo de un instante, toda la existencia pecaminosa...

...El silencio más riguroso es la primera exigencia dentro de la Casa, silencio que se rompe a la hora del desayuno. en la cena son ciento veinticuatro ejercitantes que cenan en silencio. sus corazones –alterados todavía-, en silencio irán serenándose. Sus miradas, en silencio, hallarán mutua confianza, fundidas en el común afán de salvación...


-¿Ya saben que muchas mujeres andan con los maderistas, carabina en mano, las cartucheras cruzadas en el pecho?
Puertas y ventanas no dejan escapar ninguna luz. Nadie ha encendido en las casas ni un cirio. Salas, corredores, alcobas, cocinas en tinieblas, en absolutas tinieblas. Lloran los niños. Por modo tan incontenible y creciente, que sus llantos rompen la clausura, suben a las azoteas, caen a la calle, redoblan el espeluzno de la noche, atropellados por carreras, gritos, canciones, músicas desacordadas.
Ya serán las nueve o las doce -¡quién sabe!-, no se han dormido los niños; han despertado los perros, todos los perros, cuyos ladridos dominan el infernal rumor; los niños quieren pan, quieren leche, quieren suelo. Aumentan los estampidos de las detonaciones remotas o cercanas, crece el aullar de perros. A cada tiro –toda la tarde, toda la noche- se baja la sangre a los talones.
-¿Matarían a alguien?
Recomienza el fervor de los rezos comprimidos en la sofocación de las alcobas.
-No recen tan recio. Que no se oiga.
-No, no prendas las velas benditas. Con la intención basta.
-Belén, tapa bien ese cirio, que no salga la luz.
Rezos interminables en la interminable tarde, durante la interminable noche.
-Que ya le sacaron al señor cura la corneta del día del juicio que tocan en los
Ejercicios. . .
-Que ya completaron el préstamo y cargaron con todas las recuas de los mesones, para llevar los víveres.
-Ahora es el mayor peligro de las muchachas.
-Que ya se van . . .
-Ahora es el peligro mayor. . .
-¿Quién podrá escapar a tan continuos choques encontrados, a excitaciones y sobresaltos que no tienen fin?
Ya se oye una corneta destemplada que imita toques militares, tan raramente oídos en el pueblo. Cesan los tiros. Van cesando en los barrios el paso de cabalgaduras y la gritería.
-Ahí van.
-Ya se fueron. Tomaron el rumbo de Nochistlán.
-Allí sí que va a ser el día del juicio.
-¿No y aquí? ¿Se te hizo poco?
-No mataron a nadie. No se llevaron a nadie.
Transcurrido el tiempo, la renuente vigilia en azoro tiene su final estremecimiento:
¡Se llevaron a María, la sobrina del señor cura!
-¡Cómo!
-¡Sí, que no la hallan por ninguna parte!
A los primeros rumores, a la noticia categórica, sigue la ominosa versión y las airadas glosas:
-¡Que se fue por su voluntad!
-¡Sí, que estaba de acuerdo con los maderistas!
-¡Que se fueron ella y la viuda de Lucas González!
-¡Cómo!
-Sí, ¡las dos! Iban en unos caballos que le robaron a don Anselmo Toledo.
-Yo siempre pensé que en eso pararía.
-Yo siempre dije que no era gente buena, desde que se juntaba tanto con Micaela.
-Yo siempre anuncié que había de acabar en perdida.
-Leía libros prohibidos.
-Era muy rara..."

-Texto, Agustín Yáñez // Imagen, Salvador Dalí-

2 comentarios:

  1. Aunque intuyo una prosa no muy lograda, los fragmentos revelan la fluidez de un discurso que tiene como trama la barbarie de pueblos sumidos en la injustica.

    Saludos...

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  2. ...Y el entramado que se entreteje e irrumpe en un pueblo -que Es todos los pueblos- donde los prejuicios y los imaginarios se re-crean cíclicamente, tal como el tiempo del mito... Gracias, Jorge, por tu recorrido y tu lectura, siempre lúcida y presente! Un Abrazo...

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Por la travesía, Gracias...

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