lunes, octubre 30

Los amantes

Los amantes se acercan,
escuchan. Adelgazan
su piel hasta la asfixia

y adelgazan sus besos.
Por sus voces delgadas
sólo oyen silencio.

Los amantes se besan,
se acarician, el mar
apenas los contiene,

y su pasión es breve:
aleteo de un ave
en la espalda del agua.

Los amantes recuerdan
las heridas, las guardan
como un secreto bien.

Nunca cambian palabras.
Pero cambian heridas.
Son su secreta piel.

Cerca de dos amantes
se detiene un segundo
la sangre en la avenida;

son dos ciervos que saltan
en medio de nosotros
que somos las estatuas.


Los amantes se muerden,
se pisan, sólo temen
la muerte, trepan muros 

de olvido y nunca vuelven
atrás, lujosos como
escarabajos verdes. 

Los amantes no cuentan
los días, no enumeran
los muertos, ni siquiera

los mares. Su materia
está hecha sin tiempo,
su sed nunca se alivia.

Los amantes se mueren
un día. Bajo tierra
van, mudos y con miedo,

y la tierra adelgaza
su piel hasta la asfixia
y adelgaza sus huesos.



De "Lotes baldíos" 1985


...........................
Si te revuelca la ola...

                                   A Sandra Suter
                     que se quedó nadando

Si te revuelca la ola
procura que sea joven,
esbelta, ardiente,

te dejará molido el cuerpo
y el corazón más grande;

cuídate de las olas
retóricas y vejas,
de las olas con prisa,

y la peor de todas,
de la ola asesina,

la ola que regresa.




De "Lotes baldíos" 1985

.......................................
  

Dime tú si no es cierto...

A Ethel


Dime tú si no es cierto
que el techo de esta casa
es todo de verdad,

que es la verdad más plena
de todo lo construido,
el muro en más reposo,

la redención de tantos
errores y desvíos,
la mano que disculpa,

el anhelado fin
de las hostilidades,
la prueba que buscábamos
desde el primer ladrillo.



De "De lunes todo el año" 1992

-Imagen, Montserrat Gudiol-

domingo, julio 10

Tres poemas de Jonio González de La invención de los venenos



V

volvimos a casa
como desde otro mundo

un abrazo
es la voluntad de la memoria
la desnudez de los bosques
la sonrisa de un dios de soledad
entre los árboles

................

X

cruzas el puente al mediar la batalla
recuerdas el fuego que se reflejaba
en el espejo del desierto
imaginas las risas en torno a la mesa
y el sueño de la juventud

el sol cubre los ojos entornados
y un hombre se adormece
simulando que muere

......................

XXIV

los recuerdos nos seducen
con su destierro incansable
elegimos los felices
para la charla ante los vasos

pero para despertar abrimos grietas
encendemos el fuego en la caverna y
solos ya
nos entregamos a la invención
de los venenos


-Textos, Jonio González; Fotografía, Remo Daut-
Del libro La invención de los venenos, Ediciones en danza, Buenos Aires, 2015.

jueves, junio 9

Tres poemas de Filipa Leal.


      EN EL FONDO DE LOS RELOJES
Me demoro en este país indeciso
que aún busca el amor
en el fondo de los relojes,
que se abre
como si se abriese los poros solitarios
para que en ellos caigan huesos, vidrios, pan.
Me demoro
en el vientre de esta ciudad
que ningún navío abandonó
porque le faltó el agua para la partida,
como a veces desaparece la carretera
que nos conduce a los lugares
y allí tenemos que quedarnos.

 LA CIUDAD OLVIDADA
Ella dice: soy una ciudad olvidada
Él dice: soy un río.
Se quedaron en silencio
cada uno en su ventana
mirando su ciudad, su río.
Él dice: no soy exactamente una ciudad.
Una ciudad es diferente de una ciudad olvidada.
El dice: soy un río exacto.
Ahora cada uno en su balcón colgado:
un poco de aire entre nosotros.
Ella dice: escribo palabras en los muros que piensan en ti
Él dice: Yo corro.
El teléfono entre el rostro y el hombro
para que al menos se liberasen las manos
cada uno con sus manos libres.
Ella temió el adiós, dice:
soy una ciudad olvidada.
Él rió.


 
 EPIDEMIA
De pequeña, le decían -¡Mira las mariposas! y ella se sentía culpable porque no había reparado en eso sin que se lo dijeran.
Pero cuando miraba el cielo
a propósito, buscando
un improbable batir de alas
(o la sombra suspendida)
ni un ave sin forma.
¡Tengo que estar atenta!
pensaba, con los ojos llenos de propósitos
muy abiertos. Y nada:
ni un temblor.
Ahora, se encerraba en su cuarto
con el miedo a una palabra
extraña. Curiosamente,
le decían lo mismo
-¡Mira las mariposas!
pero ahora como si le dijeran:
ten cuidado.

-Textos, Filipa Leal - Fotografía,  Edward Dimsdale-

martes, mayo 17

Maravillosa Juventud. Los insurrectos de ahora.


Abajo ese maldito populismo argentino.

Abajo ese político berreta que dio planes sociales.

Abajo esos gobernantes que subsidiaron la luz, el gas y el agua.

Abajo esos militantes grasas que luchaban por el Otro en los barrios y en las villas.

Abajo el discurso que divide a la sociedad sobre las dictaduras.

Abajo ese ex secretario de comercio que limitó a las empresas, controlando los precios.

Abajo los kukas que estabilizaron el país.

Abajo cada derecho de la década ganada.

Abajo esos negros de mierda que piden en la calle, garrenlapala, vagos.

Abajo los zurditos que reclaman por la universidad pública y de todos, que laburen ahora en Mc Donald.

Abajo cada política de Derecho Humano conquistado y reivindicado porque si desapareciste, fue por algo.

Abajo cada programa socio-educativo, todo es cuestión de mérito y herencias y apellidos.

Abajo sean los aguinaldos y las vacaciones pagas, ya que fueron otorgados para el pueblo por un tirano y una puta.

Abajo la industria nacional floreciente de la década del 45, pues creó más de un 60% de obreros felices.

Abajo los próceres que no son Roca ni Sarmiento ni Mitre en los billetes: los animales son más lindos que la Eva.

Abajo esos maricas que votaron a quienes le dieron la ley de matrimonio igualitario.

Abajo el Papa Francisco por hacer política en sus discursos contra el Neoliberalismo, pues agudiza una grieta en el país.

Abajo cada cura villero, que como Mugica, hablan desde el barro, la pobreza, la igualdad y critican cualquier aumento, cada golpe bajo a los de abajo, la exclusión y la marginalidad.

Abajo la ley anti despidos, retrógrada y pro ñoquis en un contexto de sincera-miento económico y social.

Viva que cambiamos por una revolución de la alegría, donde en lugar de votar, botamos a los buenos.

Viva creer en lo ascéptico de los gobiernos del mundo, en los que nadie roba y en los que todos son honrados y hasta mártires (los empresarios son “ricos”, no necesitan robar, aunque además de hacerlo, nos endeudan a todos y gobiernan para pocos y la elite).

Vivan los aumentos, porque aunque duelan, son necesarios.

Viva la baja del impuesto a las minerías y la quita de retenciones; son vitales (porque nos quitan la vida) para atraer inversiones y piripipiripi.

Viva el aumento del pan, comida por la que se inició la Revolución Francesa.

Viva que Estados Unidos e Inglaterra nos digan qué hacer: son potencias, debemos confiar en ellos.

Vivan los periodistas más independientes, quienes compran propiedades en Miami y cuyo compromiso no se paga con la vida. Abajo el MONTONERO Rodolfo Walsh!

Vivan los despedidores: empresarios, sojeros, clase alta, esos ricos que despiden por doquier a los obreros, pero engrosan sus cuentas panameñas.

Viva el Cristo Vence, necesario para apagar la llama creciente de amor hacia el Tirano.

Viva también Videla, Massera y Agosti, pues limpiaron el país de 30.000 subversivos, pero murieron indignos gracias a un Pingüino.

Viva la guerra de Malvinas y Galtieri por enfrentarse al Reino Unido y masacrar a nuestros jóvenes para encubrir el fin del fin.

Viva la Primera Dama, Juli Awada, pues en sus talleres esclaviza e ilumina con el fuego. Lo importante es que enseñe en las revistas de moda cómo usar un jean en cinco pasos.

Viva el cáncer por matar a la Eva, cuyas convicciones y honestidad dejaban al descubierto el odio en las caras cipayas y gorilas.

Viva… 
Viva esta revolución. Vivan los globos que poco duran en el aire. 
Viva el bolsillo, “el órgano más sensible del hombre”, como dijo el General. 
Viva aquel que se cree integrado y aquel que por odio votó al odio. 

Viva el genocidio real y simbólico que nos atraviesa. 
Viva el 51% de los argentinos porque de ellos no fue ni es ni será la fiesta de pocos. Pero tampoco, la lucha y el grito popular.
-Estanislao F. Perretta, estudiante secundario. 17 de mayo de 2016-
http://elagoradeargentina.blogspot.com.ar/

jueves, marzo 31

Fragmentos de Agua Viva, Clarice Lispector

"...Lo que te escribo no tiene principio, es una continuación. De las palabras de este canto, canto que es el mío y el tuyo, se eleva un halo que trasciende las frases, ¿lo sientes? Mi experiencia viene de que ya he conseguido pintar el halo de las cosas. El halo es más importante que las cosas y que las palabras. El halo es vertiginoso. Hinco la palabra en un vacío descampado; vacío es una palabra como un fino bloque monolítico que proyecta sombra. Y es la trompeta que anuncia. El halo es el it.  
Te escribo toda entera y siento un sabor en ser y el sabor a ti es abstracto como el instante. Es también con todo el cuerpo que pinto mis cuadros y en la tela fijo lo incorpóreo, yo cuerpo a cuerpo conmigo misma. No se comprende la música, se la oye. Óyeme entonces con tu cuerpo entero. Cuando vengas a leerme preguntarás por qué no me restrinjo a la pintura y a mis exposiciones, ya que escribo tosco y sin orden. Es que ahora siento necesidad de palabras –y es nuevo para mí l oque escribo porque mi verdadera palabra ha sido hasta ahora intocada. La palabra es mi cuarta dimensión.
 

Y si digo «yo» es porque no me atrevo a decir «tú»,
o «nosotros» o «uno». Estoy obligada a personalizarme empequeñeciéndome pero soy el eres-tú.


Quiero escribirte como quien aprende. Fotografío cada instante. Ahondo en las palabras como si pintara, más que un objeto, su sombra. No quiero preguntar por qué, se puede preguntar siempre por qué y siempre continuar sin respuesta: ¿lograré entregarme al expectante silencio que sigue a una pregunta sin respuesta? Aunque adivine que en algún lugar o en algún tiempo existe la gran respuesta para mí.

No quiero tener la terrible limitación de quien vive sólo de lo que es pasible de tener sentido. Yo no: lo que quiero es una verdad inventada.
Y después sabré cómo pintar y escribir, después de
la extraña pero íntima respuesta. Escúchame, escucha el silencio. Lo que te digo nunca es lo que te digo y sí otra cosa. Capta esa cosa que se me escapa y sin embargo vivo de ella y estoy sobre su brillante oscuridad. Un instante me lleva insensiblemente a otro y el tema atemático se va desarrollando sin plan pero geométrico, como las figuras sucesivas en un calidoscopio.


Me pregunto si te aguantás que el tiempo sea hoy y ahora y ya. 




Y en mi noche siento el mal que me domina. Lo que se llama un bello paisaje no me causa más que cansancio. Lo que me gusta son los paisajes de tierra reseca, con árboles retorcidos y montañas hechas de roca y con una luz alba y suspensa. Allí, sí, allí está la belleza recóndita. Sé que tampoco te gusta el arte. Nací dura, heroica, solitaria y de pie. Y he encontrado mi contrapunto en el paisaje sin elementos pintorescos y sin belleza. La fealdad es mi estandarte de guerra. Yo amo lo feo con un amor de igual a igual.

Pero voy a hablarte ahora del soplo de vida. Cuando uno ya no respira se le hace la respiración boca a boca; se pega la boca a la boca del otro y se respira. Y el otro empieza a respirar otra vez.

Ahora adivino que la vida es otra. Que vivir no es sólo desarrollar sentimientos gruesos —es algo más sortilégico y más grácil, sin por eso perder su fino vigor animal. Sobre esa vida insólitamente atravesada tengo puesta mi pata que pesa, haciendo así que la existencia fenezca en lo que tiene de oblicuo y fortuito y sin embargo al mismo tiempo sutilmente fatal. Comprendí la fatalidad del acaso y en eso no existe sino contradicción.

Nueva era esta mía, y ya se me anuncia. ¿Tengo valor? Por ahora lo tengo: porque vengo de lo sufrido lejos, vengo del infierno del amor pero ahora estoy libre de ti. Vengo de lejos, de una fuerte ancestralidad. Yo, que vengo del dolor de vivir. Y ya no lo quiero. Quiero la vibración de lo alegre. Quiero la neutralidad de Mozart. Pero también quiero la inconsecuencia. ¿Libertad?, es mi último refugio, me he obligado a la libertad y la soporto no como un don sino con heroísmo: soy heroicamente libre. Y quiero la fluencia.


No es cómodo lo que te escribo. No hago confidencias. Más bien me metalizo. Y no te soy ni me soy cómoda; mi palabra estalla en el espacio del día. Lo que sabrás de mí es la sombra de la flecha que se ha clavado en el blanco. Sólo cogeré inútilmente una sombra que ocupa lugar en el espacio, y lo único que importa es el dardo. Construyo algo fuera de mí y de ti, ésa es mi libertad, que lleva a la muerte.







Oh, qué incierto es todo. Y sin embargo dentro del Orden. No sé siquiera lo que voy a escribirte en la frase siguiente. La verdad última nunca se dice. 

Quien sepa la verdad que venga. Y que hable. Escucharemos afligidos.

¿Cuál es el tiempo de la conciencia?
 
Lo que te estoy escribiendo no es para leer, es para ser.
 
He profundizado en mí pero no creo en mí porque mi pensamiento es inventado
 
Soy inquieta y áspera y desesperanzada. Aunque amor dentro de mí, eso sí lo tengo. Pero no sé usar el amor. A veces me araña como si fuese una garra.
 
Creo que ahora tendré que pedir permiso para morir un poco. Con permiso, ¿eh? No tardo. Gracias. 

Y cuando el día llega a su fin oigo los grillos y me vuelvo repleta e ininteligible. Después vivo la madrugada azulada que viene con sus entrañas llenas de pájaros; ¿te estoy dando una idea de lo que uno pasa en vida?
Y cada cosa que se me ocurra yo la anoto para fijarla.
Porque quiero sentir en las manos el nervio trémulo y vivaz del ya y que me reaccione ese nervio como una bulliciosa vena. Y que se rebele, ese nervio de vida, y que se retuerza y lata. Y que se derramen zafiros, amatistas y esmeraldas en el oscuro erotismo de la vida plena; porque en mi oscuridad tiembla por fin el gran topacio, la palabra que tiene luz propia..."

-Textos, Clarice Lispector -

Diego El Cigala - Los Mareados

martes, marzo 15

Fragmentos de El ruido y la furia. William Faulkner.



"...Cuando la sombra del marco de la ventana se proyectó sobre las cortinas, eran entre las siete y las ocho en punto y entonces me volví a encontrar a compás, escuchando el reloj. Era el del Abuelo y cuando Padre me lo dio dijo, Quentin, te entrego el mausoleo de toda esperanza y deseo; casi resulta intolerablemente apropiado que lo utilices para alcanzar el reducto absurdum de toda experiencia humana adaptándolo a tus necesidades del mismo modo que se adaptó a las suyas o a las de su padre. Te lo entrego no para que recuerdes el tiempo, sino para que de vez en cuando lo olvides durante un instante y no agotes tus fuerzas intentando someterlo. 
Porque nunca se gana una batalla dijo. Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles..."


"...Quentin, que amaba no el cuerpo de su hermana, sino algún concepto de honor familiar y (él lo sabía bien), temporalmente suspendido en la frágil y diminuta membrana de su virginidad, semejante al equilibrio de una miniatura en la inmensidad de la esfera terrestre sobre el hocico de una foca amaestrada. Quien amaba, no la idea del incesto que no cometería, sino algún presbiteriano concepto de su eterno castigo: él y no Dios, podría arrojarse a sí mismo y a su hermana al infierno, donde eternamente podría protegerla y cuidarla para siempre jamás, invulnerable ante las llamas inmortales. Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, y que quizá sólo amaba a la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de su amada, hasta que no puede soportarlo y entonces se lanza, se arroja, renunciando a todo, ahogándose. (...) Era el reloj del abuelo y cuando papá me lo dio dijo, Quetin, te doy el mausoleo de todas las esperanzas y deseos; será extremadamente fácil que lo uses para mejorar la reductio absurdum de toda la experiencia humana que no puede adaptarse mejor a tus necesidades individuales de lo que se adaptó a las suyas o a las de su padre. Te lo doy no para que recuerdes el tiempo, sino para que puedas olvidarlo de cuando en cuando por un rato y no malgastes todos tus esfuerzos tratando de conquistarlo. Porque ninguna batalla se gana jamás, dijo. Ni siquiera son libradas. El campo de batalla sólo revela al hombre su propia locura y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos y tontos..."

-Texto, William Faulkner / Imágenes, Georgia O´Keeffe-

jueves, febrero 25

Cinco Poemas de Edgar M. Bayley: Decisión, Me doy cuenta, Poema, Ni razón ni palabra, Cuando el aire




Decisión


partiremos la hogaza del abandono y la esperanza
para volver al acero al viejo abeto la avenida

para avanzar en el fulgor velado

porque no podemos ser ajenos a la estrella que nos une

no podemos abandonar el camino que nos marca

   esa estrella

temer la batalla

seducidos por el engañoso estanque

por su falsa efímera comodidad

porque no compensa esa soledad cualquiera

el rico ahora de dos amantes reencontrados

somos nosotros y juntos quemaremos la lejana ruina

y unir nuestras bocas y cuerpos y frutos

de nuestros soles propios

de nuestras banderas silencios espumas bendecidas

nuestro amor es el único azar posible

el solo camino despierto

el único sueño que nos devora y alimenta

que nos da nombre y nos da impulso

para vencer el repecho

y vivir juntos

convencidos por fin del canto que nos guía

decididos en la esperanza en el cielo y la rosa

decididos

mi amor

decididos






Me doy cuenta


ahora que viví entre dos labios
ahora me doy cuenta que no es nada
que no es nada cantar cuando se han ido
que no es nada tanto ambiguo color tanta pereza
pisar mi ambigüedad mi gallo insomne
equivocar mi bandera y mi osamenta
ahora que viví oculto abajo
ahora me doy cuenta que no es nada
mirar hacia el fondo si ha quedado
la muerte al fin trajeada de ambrosía
ahora que viajé de noche solo
y subí de un salto a la colina
ahora me doy cuenta que no es nada
pensar que mañana o que pasado
me doy cuenta claramente que no es nada
que no es nada el desamparo y la volanta
que no es nada no haber visto
haber quedado en tanto imaginar y no haber sido
ahora me doy cuenta que no es nada
ahora que miré a mi hermano cara a cara
y le vi el perdón y la pobreza
me doy cuenta claramente que su avío
que su modal su lucha se despegue
anuncian por estanques y por cuartos y burbujas
la prenda venidera el duro filamento de ser hombre








   Poema

cuando llegas
a la hora precisa

algo se despierta



es la hora de tu piel

de tu mediodía

el sol sigue su camino



los niños se agolpan

en los puntos cardinales

tu voz

tu puño vuelve a aclararse



dios mío

deja que por una vez sola

mi palabra ruede a la luz del día



todo es inmortal

ahora

y al viajero que llega

fatigado y tarde

le es permitido callar su nombre

comprendemos

le dicen

puedes sentarte a nuestra mesa



tanta libertad

tanta ardida mudanza

no ha sido en vano

los ojos se vuelven

a la mañana del sueño

han visto lo suficiente

en la calle

entre las sombras

en el aire

en el grito

en el pecado y la salud

han conquistado su alegría



  

 Ni razón ni palabra


cada noche los sueños inmolan tu pena y tu culpa
de frente al olvido

a la pregunta y la canción inexcusable



es necesario empaparse herirse hundirse

buscar el estallido hasta decir: perdón no soy el mismo

pero el fuego desgrana tus razones de tierra

debes perder la luz plena

los motivos de la victoria

agrio pesado cruel

la ciudad te vuelca te vacía

corazón vacío

miseria burbujeante



no es preciso razón ni palabra

para este airado hogar

que nadie después sume su nieve o su festejo

despierto queda allí en su momento

en cambio y permanencia

en nube recia

en la libre mano

y el cabalgar del sueño






 Cuando el aire


cuando el aire se puebla estoy presente
canta la puerta el fuego la esperanza
conoces tu nombre y la sangre de su sueño
la tierra donde amanece el día
cuando la luz llega canta mi silencio


es suficiente el lejano retumbar del trueno

la verde falda de la montaña

y este momento ayer mañana

es suficiente

confiar esperar

estar despierto


 -Textos, Edgar Bayley- Imágenes, Selena Maestrini-
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